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Sueños De Un Niño Inversionista

Mamá escuchó en uno de sus programas favoritos de radio en los ochentas cómo “programar” a su bebé para que fuera “inteligente” y demás. Se trata de frotar la sien y otras partes del cuerpo a la hora que está a punto de dormirse y decirle “eres un niño muy inteligente” y etcétera. Si esto es PNL o no, está fuera de mi capacidad para afirmarlo. Y sobre la parte de preguntar si esto funcionó conmigo, bueno, es cuestión de otros juzgar.

La tradición continúa de alguna manera. Aplico varias veces a la semana esta rutina. Yo me expando y digo a cada uno de mis hijos algo en la vena de vas a ser ingeniero, científico, artista, deportista, buena persona, ecuánime, feliz, astrofísico, exobiólogo y muchas otras cosas que me encantaría que consideraran seriamente para su futuro. Pero hace dos noches me sorprendí diciéndole al menor que también debe ser “inversionista”.

Jamás había pensado en “programar” a mis hijos para ser inversionistas.

En uno de los grupos que atiendo de PADs en WhatsApp debatíamos la semana pasada sobre la necesidad de cuestionar aquello que consideramos correcto de forma predeterminada. Compartí con el grupo que recién me había descubierto retando la idea de que el amor es el mejor camino para solucionar las cosas o para la felicidad. No es que no crea en el amor. Quiero creer. Creo que sí va por ahí el asunto. Pero jamás había considerado críticamente la idea de que tal vez no fuera lo fantástico que de forma automática siempre he considerado.

Lo mismo ocurrió con esto de proponerle al subconsciente de mis niños que deben enfocarse más en ser “inversionistas” que en otras cosas. He sido programado por décadas a pensar en las profesiones típicas como puentes de seguridad probados para que tengan “un buen futuro” (lo que sea que eso pueda significar). ¿Ingeniero? Algo bueno. ¿Médico? Uff. Fantástico. ¿Abogado? Okay. ¿Poeta? Te vas a morir de hambre. ¿Futbolista del Barcelona? No seas ridículo.

Yo supongo que los papás multimillonarios expertos en inversiones programan a sus hijos a que sigan sus pasos porque entienden mejor el juego que nosotros. Allá arriba algo está muy claro: no acumulas riqueza realmente con tu trabajo, la acumulas siendo dueño de acciones de empresas, propiedades, ideas (patentes, licencias). Acá abajo seguimos alabando el trabajo arduo y enfocado. Y está bien. Da para vivir bien si haces bien las cosas, pero no para #hackearlavida financieramente hablando. En su famoso micro-ensayo en Twitter sobre cómo ser rico (sin tener suerte), Naval Ravikant explica magistralmente esto. Aquí una muestra:

Busca riqueza, no dinero o status. Riqueza es tener activos que te hacen dinero mientras duermes. Dinero es la forma en que transferimos tiempo y riqueza. Status es tu lugar en la jerarquía social.

No te vas a hacer rico rentando tu tiempo. Debes de tener acciones —una parte de un negocio— para ganar libertad financiera.

Te vas a hacer rico dándole a la sociedad lo que quiere pero que no sabe todavía cómo conseguir. A escala.

Quienes no somos financieros naturales o estudiados raramente consideramos programarnos y mucho menos programar a otros para abrazar la manera “correcta” de obtener riqueza. Queremos esquemas mágicos que nos eviten la fatiga estilo la Flor de la Abundancia, tasas de interés increíbles, ganar en el criptomundo sin sentirnos cómodos con las matemáticas necesarias, queremos muchas cosas que son sólo placebos y nos hacen lucir bien por intentarlos y hasta nos regalan aplausos de nuestro círculo pero no representan un avance real en el gran juego de la vida.

Estoy enseñando a mis tres hijos a ahorrar porque es algo que me tomó demasiadas décadas abrazar. Y no sé todavía cómo los voy a enseñar a ser inversionistas pero sí sé que me voy a esforzar a que vean más allá del nivel profesional como un seguro de vida para estar “bien económicamente” y entiendan que hay formas más optimizadas para lograr más.

Recientemente escribí Momentum, un artículo con ideas para invertir en oportunidades potencialmente exponenciales. Utilizaré ese ensayo como una guía de la conversación. Espero que las notas genuinas ahí te ayuden a ti también.


Cómo ser un mal inversionista

Cinco notas rápidas al respecto:

  • Tienes a “Padre Rico, Padre Pobre” como una gran guía. Entiende que es —si acaso— un escalón muy básico y limitado. Lee lo que los multimillonarios realmente leen.
  • Esperas que esquemas “rápidos” estilo multinivel te den frutos casi-mágicos.
  • Te involucras en áreas que no entiendes pero que te entusiasman porque son el grito del momento.
  • Eres buena onda con todo el mundo al decir “sí” cuando tienes que decir “no”.
  • Reaccionas como el promedio cuando las cosas se ponen difíciles. Está demostrado que los mejores inversionistas de la historia de la humanidad van siempre a contracorriente. Esto es fácil de entender pero extremadamente difícil de ejecutar.

Cómo ser un buen inversionista

Ideas para entrenarnos en ello:

  • No te espantes fácilmente. Cuando una situación se torne difícil, acostúmbrate a hacer tranquilamente muchas, muchas preguntas al respecto. Formula las preguntas a la persona que te está informando, a Google y a tu alma. Duerme y medita varios días al respecto y luego toma una decisión. Esto lo puedes practicar con todo tipo de cuestión, no solamente financiera.
  • Combina cosas locas. Facebook es psicología + programación. Apple es diseño + soluciones. Coca-Cola es felicidad + rapidez. Waterhouse es confianza + internacionalización. Los grandes negocios se presentan de forma simple a las masas (red social, computadoras, refresco, inglés) pero tienen una poderosa filosofía detrás.
  • Diseña tus relaciones personales de forma estratégica para el largo plazo sin buscar capitalización inmediata en ellas con favores o solicitudes de dinero. Importante: date cuenta que prácticamente todas tus relaciones han sido forjadas por la geografía y el azar. Mata eso.
  • Acude a eventos en donde la tribu a la que quieres pertenecer se congrega de manera natural. Velo así: si quieres hablar apasionadamente de fútbol, vas al estadio y es 100% seguro que encontrarás gente conocedora y entusiasta con la cual interactuar. El problema es cuando queremos hablar de literatura, viajes, libros, filosofía, innovación y tecnología en el estadio de fútbol. No es que sea imposible, pero tus oportunidades de conseguirlo con éxito se reducen drásticamente porque estás insistiendo tontamente en hacer algo en un lugar que no es apropiado para ello. Por eso tienes que invertir en donde están aquellos con los que quieres conectar. Te veo en mi próxima BMC, por cierto.

Ideas para invertir

Algunas áreas a considerar para el largo plazo con potenciales jugosos rendimientos:

  1. Internet of Things (el uso de sensores industriales de todo tipo va a explotar y su conectividad será cada vez más exponencial). 
  2. CREtech (commercial real estate technology), REtech (real estate technology), PropTech o como quieras llamarle: la fusión de elementos financieros, plataformas, construcción y materiales para optimizar la industria de los bienes raíces.
  3. PLC: Personal Learning Clouds. Digamos que la siguiente etapa de aprendizaje donde el acompañamiento a la inversión que las empresas hacen en capacitación se vuelve el diferencial para justificar el gasto en cursos a la medida para sus empleados.

Sobre el punto 1 y 3 tengo opciones para que inviertas a largo plazo. Aquí te explico a detalle de qué se tratan las oportunidades con VERSE Technology y aquí con Waterhouse. Aquí tienes dos opciones: ofenderte porque al recomendarte estos puntos parece que te estoy manipulando para empujarte a adquirir acciones de mis empresas o entender que mi naturaleza de hombre de negocios me empuja a poner en la mesa siempre cuestiones que nos puedan hacer ganar-ganar a todos. No tengo inversiones en PropTech pero aún así la incluyo porque es algo que tengo genuinamente en la mira.


Los sueños que los padres tenemos para los hijos son ilusiones a las que no deberíamos aferrarnos con mucho ahínco. Mis hijos harán lo que su alma les indique y sus circunstancias les permitan. Yo veo mi misión como aquella en la que me corresponde hacer lo mejor que pueda con las herramientas que tengo a mano. Planear para lo peor y esperar lo mejor, dicen por ahí. 

Si llegan a entender la importancia de ser buenos inversionistas y ejecutan al respecto, bien, ello me dará bastante gusto. Pero si no ocurre así, no hay mucho que pueda hacer. Lo único que puedo controlar es mi esfuerzo y actitud.

TAD. Tiempo. Atención. Dinero. Lo único que genuinamente puedo controlar es mi inversión de TAD en ellos. Y eso es en lo que me enfoco día a día.

Enfoca bien tu TAD.