Artículos y notas recientes


Newsletter

Recibe gratis en tu e-mail más ideas para #hackearlavida y ser PADs.



Contacto

Invitaciones ›
eventos@aaronbenitez.com

Trabajar en Waterhouse ›
work@waterhouse.center

Trabajar en VERSE Technology ›
work@verse-technology.com

Comentarios en general ›
hola@aaronbenitez.com


Negocios

Plan de negocios e información para invertir en Waterhouse.

Plan de negocios e información para invertir en VERSE Technology.

Sara Comienza a Pintar

Ese vacío existencial que sólo revelan las tardes de domingo atrapó a Sara.

Se sentía sola.

Agotada.

Su novio estaba de viaje en alguna estúpida ciudad sin gracia.

Sara era una buena chica y eso le impedía tener los pensamientos lógicos de la situación: que su novio tenía amantes en todos lados, gratuitas y pagadas.

Era imposible para Sara pensar algo así. Él siempre regresaba con flores y algún regalo caro, prueba irrefutable que

  1. era el tipo ideal y
  2. que realmente la amaba,

porque en un mundo lleno de Saras no existen pruebas más contudentes del amor que flores, regalos caros y palabras bonitas cada diez días por parte de un tipo que avanza en la escalera corporativa como cohete en la estratósfera: de esa forma en que no hay más remedio.

Pero esa noche no se sentía sola por no tener a su novio al lado. Ello ya resultaba algo normal. De hecho, era la situación ideal para una chica moderna como ella. Resulta muy cómodo tener un novio que viaja mucho. Ello te da la libertad de quien no tiene una pareja y a la vez la red de seguridad emocional para responder que sí, que sí tienes novio y que no, no eres una solterona loca que vaga sola por las noches.

Se sentía sola en ese tipo de soledad de la mente, donde no sabes qué hacer con tu vida aunque tienes todas las posibilidades delante de ti.

Recordó la historia del viaje familiar.


El viaje familiar de Sara.

Sara se perdió en un gran almacén en su infancia.

Papá estaba embelesado en el departamento de tecnología, viendo y comprando lo que no necesitaba para presumirlo de regreso en México a sus amigos.

Mamá tomaba decisiones difíciles sobre los colores adecuados para las carísimas camisas de su hermanito.

Sara vagaba maravillada por la sección de juguetes – le impresionaron de forma particular las Barbies negras – hasta que volteando a su alrededor se descubrió sola.

Quiso llorar pero lo evitó. Miraba los elevadores transparentes a la distancia pensando si mamá, papá y hermanito menor iban en ellos. Caminaba y el enorme almacen parecía no tener fin.

A los seis años todo es mayúsculo, las distancias, los conceptos, los problemas.

Después de veinte minutos de estar perdida en medio de todo el lujo y felicidad artificial vio a la distancia a su hermanito quien le sonrió con alegría

Ella recuperó el aplomo de hermana mayor y le preguntó dónde se había metido, en el tono que indicaba astutamente que ella estaba en control de la situación y que él era el travieso que se había perdido.

El niño por toda respuesta tomó su mano y la condujó con mamá quien seguía absorta ahora comprando ropa para ella.

Papá se les unió minutos después y los cuatro regresaron felices al hotel. Ninguno de los dos supo que la nena había estado perdida. Ambos asumieron que la niña siempre había estado bajo el cuidado del otro.


Y eso es exactamente lo que ocurre ahora.

Sus papás creen que ella está bien.

Sus amigos creen que ella está bien.

Su novio cree que ella está bien.

Todo el mundo asume que Sara está bien porque Sara no da problemas a nadie.

Justo como cuando tenía seis años, todos a su alrededor asumen que alguien más está cuidando de ella y su balance emocional. Sara no es la gran filósofa pero entiende que algo va muy mal si no es feliz

  • a sus 29 años,
  • con una gran carrera profesional a cuestas,
  • nacida en una familia adinerada,
  • con un novio perfecto y
  • amigos estilo Friends.

Sara es bonita, saludable, políglota y dueña de una dulce personalidad.

La pregunta natural estalla como mierda de pájaro en el parabrisas: ¿por qué Sara no es feliz?

Sara no es feliz porque siempre ha hecho todo lo que le han dicho que debe hacer.

  • Tener un novio perfecto.
  • Trabajar en la gran compañía.
  • Estudiar la carrera predeterminada para el éxito.
  • Ir al club y ser sexy.

Sara es el molde de la chica moderna que teniéndolo todo, ello nunca será suficiente.

Y vienen los psicólogos a escena. Vienen los libros de superación personal. Vienen las largas charlas de café con las amigas. Vienen los lloriqueos secretos en la recámara, en la ducha.

Vienen tonterías peores como sentir el filo de unas tijeras recorriendo su piel.

Vienen gritos de ayuda en forma de compras, en forma de excesos.

Y en todo el remolino de reconfiguración personal por el que pasa durante esta etapa Sara descubre un par de cosas.

Descubre que le gusta pintar. Que eso la relaja. Y aunque no entiende una chingada de lienzos, patrones, tonos y demás siente el llamado a los pinceles y caballetes.

Y no importa que no entienda ese mundo porque uno tampoco necesita entender teoría avanzada de composición musical para disfrutar una bella canción.

Sara comienza a pintar.

Un buen día pintando recibe una llamada de su novio. Está en Mérida. Lejos de emocionarse por la llamada siente violada su intimidad con el cuadro.

Es su momento, es su espacio.

Y este tipo lo está transgrediendo.

Si el supuesto amor de tu vida te provoca una reacción de fastidio ante tu arte es tiempo de evaluar esos tontos planes de boda.

Sara dejó atrás los planes de boda y de pasó renunció a su empleo. Digo, ya cuando estás en esas de tomar decisiones radicales es más fácil apretar el acelerador que intentar salirte del camino.

Su familia se preocupó.

Sus amigos se preocuparon.

Su ex-novio se preocupó.

Por primera vez se sentía libre e irónicamente era la primera vez que todos consideraban que tenía problemas.

Cuando ella veía un cuadro como una expresión íntima de su ser, todos leían gritos de auxilio y mensajes ocultos de sus graves problemas psicológicos.

Cuando ella experimentaba esa sensación de desconocimiento del futuro, de hambre por explorar otros caminos, ellos veían a una chica inmadura que se había vuelto loca.

El arte dura y la vida es breve, dicen por ahí.

Sara intentó explicar a todo el mundo las conclusiones a las que había llegado, de cómo uno vive su vida ridículamente para estar bien con todos menos con uno mismo. Que uno estudia porque no quiere ser un tonto pero no por cambiar el mundo. Que uno trabaja para el futuro sin poder disfrutar el presente. Que uno escoge su pareja como si escogiera un mueble de catálogo.

Nadie la entendió de la misma manera que una chica de seis años no puede comprender que hay mejores cosas en la vida que los juguetes, los dulces y las caricaturas: es simplemente inconcebible.

Sara se volvió una de esas personas de las que todo el mundo habla y sobre las que todo el mundo tiene una opinión.

Cuando el mundo no te entiende, va a hablar mucho de ti.

Sara se quitó una gran venda de los ojos y pudo ver por fin a “los otros”.

Los otros son aquellos que hace tiempo también se quitaron la venda. Se reconocen los unos a los otros de la misma manera que un ex-marine detecta a otro en un bar.

Es algo que no se puede explicar.

Simplemente dejas que tu radar funcione y reconoces quiénes son los tuyos.

En su nuevo mundo, Sara tuvo nuevas pláticas con nuevos amigos.

Escuchó un par de grandes ideas y se enamoró del tipo que se las dijo. Otro exiliado.

 

Ese domingo por la tarde-noche Sara pintaba cuando el teléfono sonó.

Sonrió. Contestó con emoción.

Y si quieres que te cuente el resto de la historia al estilo donde ella fue muy feliz con el tipo que resultó ser su alma gemela y que eventualmente el mundo se calmó y la aceptó y que siguió pintando y luego vinieron los bebés y todo eso, te diré que tal vez, que sí, que eso es lo que a lo mejor ocurrió.

Esos caminos se exploran y se viven. No se pueden relatar.