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Proteger el Núcleo y Comprar la Innovación

El núcleo se protege

Es fácil criticar a compañías que se quedan estancadas en el pasado y que terminan perdiendo espacio en el mercado o desapareciendo porque creemos que “no invierten en innovación”. Es inocencia de negocios asumir que entre más éxito tiene una empresa más fácil debe ser “innovar”.

Cuando una empresa logra conquistar corazones y mentes con sus productos y servicios emerge un fenómeno poco entendido por parte del público en general: la protección de “el núcleo”. El núcleo es la creación de la compañía que pone (casi) todo el dinero en la mesa para sus colaboradores, fundadores y accionistas. El núcleo es la razón original de haber comenzado todo este asunto empresarial. El núcleo es eso que todos tienen claro en su imagen individual de lo que se trata el negocio.

De nuevo: el núcleo se defiende.

Cuando tienes un núcleo grande que defender, todo su ecosistema exige que así lo hagas. Los inversionistas, clientes, empleados esperan que los creadores no alteren algo que por fin el mercado ya entiende y que está dando (muy) buenos resultados.

Cuando eres algo ligero, pequeño, nuevo, puedes innovar a diestra y siniestra porque el mercado no espera nada de ti y tu núcleo no es claro para nadie.

Pero cuando eres algo como Coca-Cola las cosas son muy diferentes. Coca-Cola es lo que es porque no jode a su núcleo. No lo toca. Avienta otras propuestas en modo vertical y horizontal a su mercado pero no cambia ni su logotipo, ni el diseño de su botella, ni su fórmula ni mucho menos su mensaje: una bebida para la felicidad inmediata.

La innovación en una empresa como Coca-Cola no está en hacer cosas locas ni radicales sino en generar iteraciones potencialmente ganadoras que hasta el día de hoy siempre palidecen en resultados comparados contra el núcleo. Nadie diría que Coca-Cola Sin Azúcar ha conquistado el mundo. Nadie piensa que Sprite es vital. Pero si sustituyes estas dos variantes con el núcleo, todo el mundo está prácticamente de acuerdo en un contexto de negocios.

Leche. Coca-Cola vende leche. Agua. Otras soluciones en ese estilo. Pero ni tú ni yo pensamos de forma predeterminada en esos términos con respecto a su marca.

Lo que ocurre cuando empresas muy exitosas necesitan innovar es que establecen un departamento de R&D (Research and Development, traducido al español casi siempre como I+D) y contratan gente para proponer nuevas formas de conquistar el mercado. El esfuerzo de R&D de muchas compañías raras veces rinde frutos reales (son tan pocas como IBM a las que les ha funcionado sostenidamente que cuando ocurre es todo un hito a documentar). Muchas personas piensan en Tesla y Uber en términos de innovación pero no entienden que eso no va a trascender si no respetan la fórmula básica de cualquier buen negocio donde los ingresos tienen que ser mucho mayores a los egresos. Y aunque hacen cosas geniales, por el momento tanto Uber como Tesla sólo saben gastar mucho capital. Jamás han tenido ganancias. No hay negocio que pueda mantenerse en ese estado indefinidamente.

Hay una dicotomía interesante aquí: por un lado a las fuerzas de presión de una empresa que ha tenido “éxito” con un producto o servicio les gusta pensar que puedan repetir su hit inicial. Los inversionistas quieren que les reporten que la compañía ya está ideando futuras fuentes de ingresos que los harán incluso más ricos. Lo curioso es que al mismo tiempo estos tenedores de acciones no quieren que nadie joda a la gallina de los huevos de oro (alias “el núcleo” en este texto) y por lo tanto, mucho R&D también lo ven como presupuesto que mejor debería ir a marketing.

Así somos las personas, lo queremos siempre todo.


La innovación se compra

¿Qué hacer como empresa exitosa para seguir innovando sin distraerte mucho en R&D, sin joder el núcleo y tener genuinas posibilidades de mantenerte en el mercado por muchos años más?

La respuesta se llama M&A (Mergers and Acquisitions, Fusiones y Adquisiciones en nuestro hermoso español).

Facebook no puede innovar mucho de su lado por lo que ya te platiqué arriba. Cambiar radicalmente la plataforma es ir en contra del mercado. No innovar también es ir en contra del mercado. Lo que Mark ha terminado haciendo es seguir la receta de los grandes, comprar a los siguientes potenciales Facebooks para no quedarse fuera de la jugada. Así WhatsApp e Instagram—las dos ideas que más amenazaban genuinamente al imperio de Zuckerberg— terminaron siendo comprados para ser parte de la misma familia de la red social por excelencia.

Quienes tienen visión para hacer negocios no adquieren otras empresas solamente considerando la limitada dimensión de dinero/ingreso/revenue/profits/utilidades. Lo hacen considerando múltiples dimensiones. Ni Instagram ni WhatsApp hacen el dinero que Facebook gastó en ellos y probablemente no lo generarán en mucho tiempo. Pero eso no importa. El ritmo al que están adquiriendo usuarios, el porcentaje de uso diario de sus aplicaciones y la genialidad tanto de su UX y propuesta de valor les estaban dando colmillos por los cuales fue mejor para Facebook pagar una fortuna y ponerlos de su lado.

Google ha recorrido el mismo camino. Microsoft igual. Empresas financieras y petroleras globales es la manera en que se comportan rutinariamente. Sales a cazar innovación por todo el globo con la chequera abierta.

En resumen: el núcleo se protege y la innovación se compra. Así satisfaces la ecuación de manera elegante.


Tu persona, S.A. de C.V.

Ahora pensemos en la premisa abordada tanto en The Startup of You de Reid Hoffman como en el más recientemente Company of One de Paul Jarvis donde te ves a ti mismo y operas como una empresa.

¿Cómo puede una persona innovar protegiendo el núcleo? ¿Cuál es el equivalente personal de las M&A?

Yo soy en esencia un simple maestro. Es lo que más disfruto hacer: explicar aquello sobre lo que voy filosofando a través de lecturas + ejecución. Lo hago con mis artículos, conferencias, workshops, podcast y videos. ¿Cómo terminé innovando en mi vida cuando todo indicaba que me dedicaría únicamente a enseñar inglés o a ser un ingeniero mediocre?

Comprando muchísimos buenos libros. Aquí algunos de ellos.

Cuando Apple compra una compañía para hacerla parte de su universo, lo que adquiere es la experiencia, habilidades y visión de las personas que llevan años colaborando enfocadamente en un problema que la manzana de Jobs desea resolver. Al final, entiende que crear un equipo interno, motivarlo y asignarle recursos en forma de tiempo, atención y dinero para que lleguen a una solución como Siri es una apuesta muy arriesgada. Siempre será mejor comprar a la empresa que tiene los cerebros que hacen a Siri.

Es decir, a nivel corporativo se trata de comprar mentes y ejecución. A nivel personal puedes comprar las mentes y tú pones la ejecución. Y esas mentes —las mejores— las puedes comprar a través de sus libros.

Un buen libro es un tipo genial que destiló lo mejor de su pensamiento para ti. Lo hizo por veinte dólares, a veces más, a veces menos. Una cantidad ridícula para el potencial de retorno sobre tu inversión que sin duda vas a recibir.

El primer libro que me sacudió a pensar de otra manera fue Shibumi de Trevanian. Pero no lo compré yo. Estaba en la biblioteca de papá. El segundo que me sacudió de una forma práctica un par de décadas después fue The Four-Hour Work Week de Tim Ferriss. Ejecuté mal muchas cosas, pero con las pocas que hice bien mi vida cambió ra-di-cal-men-te. Y aquí estás tú y otras miles de personas leyendo esto cuando el vector de mi vida antes de ese libro no llevaba esta trayectoria en lo absoluto. Sigo y seguiré enseñando lo que pueda el resto de mi vida. Pero eso no me impide ni impedirá explorar otras áreas.

Los libros son el equivalente personal de las M&A del mundo corporativo: con ellos accedemos a las mejores mentes a un precio ridículo comparado con lo que representa un futuro sin innovación para nuestros accionistas.

¿Y quiénes son nuestros accionistas? Es tu esposa y tus hijos, tus amigos y fans que esperan que protejas el p núcleo y al mismo tiempo innoves para asegurar el futuro.

Ahora ya sabes cómo hacerlo: comprando por un precio ridículo los pensamientos destilados de personas geniales primero + poniéndote a ejecutar lo que te deslumbre después.