ALGUNOS DE MIS PRINCIPIOS

A

Ray Dalio publicó recientemente “Principles”, algo así como las notas de vida que lo han llevado al éxito en el mundo de los negocios. Recién comencé a sumergirme en sus ideas pero tuve que detenerme de inmediato. Ray ofrece sus principios bajo la definición de una base fundacional para poder mantenernos firmes en decisiones que tomamos día a día.

Solía pensar en el concepto de “principios” como un asunto abrumadoramente moral.

Ahora los enfoco como instrucciones predeterminadas para mantenernos “firmes”.

Mr. Dalio sugiere que hagamos públicos nuestros principios. Dice que a él le hubiese encantado conocer cuáles eran aquellos por los cuales se regían Einstein, Da Vinci y otros en esa liga.

Ahí fue donde detuve la lectura y pensé hipotéticamente qué podría decirle al mundo sobre “mis principios”. Hace unos meses escribí un poco sobre ellos en “Así”. En ese artículo tengo varias líneas pintadas sobre las acciones y mentalidad que me han permitido alcanzar ciertos logros, pero nunca he escrito de forma directa sobre mis principios como sistema operativo personal.

Van algunas pinceladas de mis comandos internos.

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a. Filtrar la agenda.

Estar al frente de una empresa es recibir exceso de información contradictoria. Hace unos meses pedí recomendación a un socio para involucrar a cierto colaborador en actividades directamente bajo mi ala de supervisión e influencia. “No te conviene”, fue el resumen de su conversación. Otra persona en la cual también confío bastante me dijo “sí te conviene”. Al final, esto es un cuento literal de todos los días. It happens every single day. La manera en que abordo esto es pensando que lo que el mundo me sugiere tiene una lente diferente a la cual yo uso para ver las cosas, así que me obligo a visualizar de la forma en que ellos abordan las cosas y entender la mayor cantidad de sus motivos y razones para expresarse de cierta manera sobre ciertas cosas. Al final, utilizo una técnica que tomé del manual de operación de los marines: decidir y avanzar con el setenta por ciento de información acumulada y verificada. No espero a “comprender todo” o tener “toda la visión”. Todos tienen motivos válidos para reportarme de la forma en que lo hacen. Depende de mí cómo evaluar su aportación a mi causa. ¿Qué es lo que en el fondo mueve a esta persona a decirme tal cosa?, pienso. ¿Qué es lo que sí tengo que considerar para mi decisión y qué es ruido sin sentido? Filtrar la agenda de los demás es un ejercicio cansado pero lo veo como conducir de casa a la oficina a diario: por el momento un requisito para estar en movimiento.

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b. Tener la actitud de un monje zen.

Una socia y amiga me decía hace unos días “yo creo que no eres tan ecuánime como dices ser”. Y es cierto. Quisiera decirte que soy una piedra, un ser inamovible cuya imagen no se aturde o sacude ante nada. La verdad es que temo, dudo y sufro por algunas cosas. Pero trabajo todos los días en mantener la calma al ochenta o noventa por ciento. Pienso en los monjes zen y me visualizo alcanzando imaginariamente ese grado para cualquier situación complicada. Ahora bien, déjame explicarte que cuando estás en una posición al frente de una empresa en crecimiento con decenas de personas todas las situaciones que llegan a tu puerta, oído y escritorio son por definición complicadas, si no no alcanzarían ese nivel. En ese punto lo que hago es abrir mi archivo mental del monje zen para esforzarme en imitar su actitud. “No soy responsable de una sala de emergencias, nadie va a morir”, “no soy responsable de una sala de emergencias, nadie va a morir”, me repito cuando las cosas parecen rebasarme. A veces agrego tiempo para poder tomar mejores decisiones, pero eso enoja a algunos. A veces tomo decisiones rápidas para no esperar mucho tiempo y eso enoja a otros. Así es este asunto. Afortunadamente el p monje zen sabe lidiar con estos vaivenes y sale a mi ayuda casi siempre en tiempo y forma.

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c. Hacer mi parte bien.

Mensaje en versión original recibido la semana pasada en mi WhatsApp personal:

Hola buenas tardes!

Antes de decirle mi duda, quiero preguntarle si usted entiende bien el ingles? Ya que me piden llenar un formulario online para un campamento en USA. Espero su respuesta gracias.

¿Qué hago? Lo más fácil es ignorar a la persona, pues definitivamente no ha hecho su tarea. No sabe si hablo inglés. Está poniéndome a hacer tarea cuando ya tengo suficiente con mis hijos y negocios. No ha construido una relación ganadora y ya está pidiendo favores. No se ha sumergido en mi contenido para saber si soy alguien que efectivamente lo pueda guiar en este asunto del que tampoco se expresa claramente.

Hice lo que siempre hago: poner en pausa durante muchos días mi respuesta.

Una vez a la semana respondo todos los mensajes de este estilo que se han acumulado. Saludo amablemente a cada persona y les explico con paciencia y cariño lo que quisiera que alguien me explicase si yo anduviera así de desenfocado. Les digo lo que siempre te digo aquí a ti, querida lectora, que hay que acercarse ganadoramente, agregar valor desmedido, redactar bien, proponer en modo alto desempeño, generar opciones y etcétera.

Obviamente existe el gran riesgo de que la persona al otro lado se ofenda, me ignore, me insulte o quiera aún más comunicación de bajo nivel conmigo porque no entiende mi comentario. Todo esto es – sin embargo – tarea de la otra persona, no mía. Si se enoja, ofende, me ignora o me insulta es la opción que ha elegido como trabajo. Yo no tengo por qué hacer lo que a él o a ella le corresponde ejecutar. Solamente hay una cosa que es mi responsabilidad hacer en esta interacción: explicar la razón de mi negativa y hacerle notar los puntos que desde mi perspectiva impiden que su mensaje sea ganador. Yo hago bien mi parte y siempre les digo a estos personajes curiosos que no los conozco y que entonces por definición mis notas no deben ser tomadas de forma personal.

Explicar las cosas claramente no es suficiente para que alguien nos escuche. Hay que hacerlo con “cariño” y genuina actitud de “te quiero ayudar” entendiendo que es muy probable que

  1. no lo tomen así y/o
  2. nos ataquen.

Pero tal es el precio de hacer bien nuestro trabajo sin querer controlar lo que los demás vayan a decidir como reacción.

Tengo muchos ejemplos de esto. Yo escribo usando la ocasional grosería no para molestar a alguien sino porque así hablo y me gusta mantener mi estilo fuera y dentro de las letras. Hago bien mi parte. Cómo lo abrace (o no) la audiencia, es eso, su decisión. Yo doy mis conferencias con el mismo entusiasmo si hay dos personas (me ha pasado) que si hay doce mil (lo he vivido).

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d. Preocuparme por lo que piensen ellos.

“Ellos” son los tipos que admiro. Los que he leído y me han marcado. Los que han construido aquello que hoy me sigue sorprendiendo. Los que proponen y ejecutan ideas profundas y trascendentales. Cuando escucho el consejo de “que no te importe lo que opine la gente” creo que hay un gran error en su esencia.

Lo que opine el chico frustrado que ataca a todos y a todo en Facebook no me importa. Me puede doler momentáneamente, pero una visita rápida a su perfil, un análisis de su (usualmente terrible) redacción y un entendimiento de la psicología básica del mundo me permiten seguir respirando sin mayor problema. Tengo críticos por montones. La crítica es válida. Pero no existe “crítica de alto nivel”. Un “crítico de alto nivel” en realidad es un ejecutor. Puedes decir que no estás contento con el sistema político del mundo y escribir tontería y media en Facebook o ser el siguiente Gandhi. Puedes frustrarte y atacar a la NASA y gobiernos por su lentitud en empujar la frontera especial o renacer como Elon Musk e inventar tus empresas visionarias para acelerar las cosas.

La raza, la tribu, la sangre a la que aspiro está formada de personas que me van a validar en veinte años, no hoy. Hoy están ocupados en su mundo fantástico. Y yo estoy haciendo mi tarea para pertenecer al club.

Sobre las personas cuya opinión me importa:

  1. Si me conocen, no me critican en Facebook. Me dan su opinión en persona y generalmente somos socios/amigos e impulsan lo que mi equipo y yo estamos proponiendo al universo.
  2. O no me conocen y jamás se van a desviar de su gran obra para hacerle comentarios a un tipo de treinta y ocho años que aún tiene camino por recorrer.

A mí sí me preocupa lo que opine cierto tipo de gente. Y lo tengo en cuenta todo el tiempo como una lupa magnificadora personal para analizar mi trabajo, mis decisiones, mi camino. No es algo moral. Es algo práctico y bello. Lo práctico y bello me mueve.

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e. Negociar en varias dimensiones.

En este momento probablemente no lo aprecias así pero estoy negociado contigo. A través de este ensayo estoy mostrándote mi posición en ciertos aspectos metafísicos, intelectuales, profesionales y demás. Estoy taladrando lo que me importa y – sobre todo – lo que no.

Entiende que todo el tiempo estás negociando.

¿El automóvil que no te permitió rebasar y ahora te hace ir más lento? Eso es negociación contigo mismo. Puedes decidir ir enojado detrás de él, tocando el claxon o seguir escuchando tranquila y relajadamente el audiolibro con ideas que pueden hacerte millones en unos años o al menos regalarte una vida más genial. ¿Esa reunión en el café para hablar con alguien? Si la persona habla noventa por ciento del tiempo, te está diciendo que no sabe trabajar en equipo ni vender. No la contrates y no te hagas socio de él/ella. Alguien que sabe ser arquitecto de buenas conversaciones puede construir muchas otras cosas interesantes.

Yo busco negociar siempre en tiempo, dinero, atención, plazos, frecuencia, modalidades, valor agregado y demás. Si quieres mi servicio a un mejor precio, te propongo variar otras cosas. Si quieres más tiempo, te propongo modificar otras variables. Mucha gente tiene tristemente la idea de que negociar es conseguir el precio más bajo. Y cuando te entrenas en pensar y actuar así, tu vida es pequeña porque te acostumbras a una sola dimensión donde el rey es algo tan etéreo como el dinero. El dinero importa, me encanta, pero el dinero + tiempo + atención + ideas + salud es mucho mejor. Y si sabes negociar para impulsar todas esas cosas en diferentes momentos y demás, genial.

Cuando cumplí treinta años, Aaron Benitez de esa edad negoció con Aaron Benitez de cuarenta. Le propuso que iba a intentar algo y que si no funcionaba, se iba a endeudar en grande y que pasaría los siguientes años trabajando para pagar esa deuda y ni modo. Pero que lo que no quería era llegar a la cuarta década y tener días pensando cómo podría haber sido la vida si hubiese intentado aquella idea diez años atrás. Aaron Benitez Cuarenta aceptó.

Puedes negociar con tu versión futura.

Una de las razones por las cuales uno de mis primeros colaboradores no quería trabajar conmigo en mi primer empresa es porque al renunciar al empleo que tenía “no le iban a dar nada”. Hicimos cálculos y le pregunté si los siguiente tres o cinco años de su vida valían esa cantidad a cambio de esperar a que lo despidieran para dárselo. Al día siguiente firmó conmigo. Negociar poniendo las cosas que realmente importan en una perspectiva genuina para ti y los demás es de las técnicas más poderosas que puedes usar. Jobs convirtió al CEO de Pepsi en CEO de Apple preguntándole si en realidad quería pasar el resto de su vida vendiendo agua azucarada o trascender cambiando el mundo. Perspectiva. Genuina. Para ambos lados.

Hace poco una colaboradora renunció. Enseguida le ofrecimos ser sus primeros clientes en la nueva firma que va a abrir. Nos encanta su trabajo y actitud. Confiamos en lo que va a hacer. Nos explicó su salida con tiempo, con visión y demás. Yo no soy nadie para juzgar a alguien que renuncia. No estaría aquí con las oportunidades que tengo si no hubiese dado yo mismo ese paso hace muchos años. Lamentablemente el camino de esta chica no es el camino típico de muchos. Ojalá todos al renunciar nos empujaran a buscarlos para seguir teniendo una relación profesional con ellos en las empresas que inventan. Lo que esta colaboradora hizo que muchos no entienden es que negoció a diario durante mucho tiempo con nosotros: cuando varios en su grupo de trabajo se distraían con chismes, ella permanecía enfocada y estoica; cuando todos hacían exclusivamente lo que había que hacer, ella siempre proponía más; cuando había que revisar las cosas, contábamos con su actitud y desempeño para saber que estarían en tiempo y forma.

Espero que de mí en cada ensayo encuentres una idea y cierto estándar de calidad. He negociado contigo durante años para que esperes eso y confíes en mi trabajo.

Con esta chica es lo mismo: sin saberlo – o tal vez sabiéndolo – negoció ganadoramente y ahora cosecha algunos de los frutos de sus movimientos inteligentes.

Lo que estás publicando en Facebook es parte de tu negociación diaria. Lo que dices en una conversación casual con amigos, con compañeros del trabajo es parte de tu negociación constante. Lo que compras. La foto que subes a internet. Lo que evitas. Lo que procuras. A donde vas. A donde no vas. Todas son señales concretas de tus puntos fuertes y débiles para negociar. Sé de los que entienden esto para explotarlo a favor y de paso

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f. Cambiar. La gente puede cambiar.

Lo creo con el corazón. Antes fumaba, me emborrachaba, no hacía ejercicio y odiaba la idea del matrimonio. ¿Qué te puedo decir? Mi versión actual tuerce la boca para juzgar sin piedad al tipo que era.

Tenemos personas de todo tipo a nuestro alrededor. Yo, por ejemplo, desespero a diario a más de un alma en esta Tierra. Por alguna decisión. Por alguna falta de decisión. Por alguna explicación. Por alguna falta de explicación. Por si subí una selfie. Porque no subí una selfie.

Me pasa igual. Mucha gente me desespera. Familiares, amigos, colaboradores.

Yo no espero a que la gente cambie. Los empujo con fuerza a que lo hagan. “Eso es drama de baja intensidad” les digo cuando lo detecto. “Podemos enfocar el asunto desde esta perspectiva también” los invito cuando sólo ven lo malo o negativo. De nuevo: la gente puede cambiar pero no es mi estilo ser pasivo y cruzar los dedos para esperar a que suceda.

De forma triste y con cierta pena, confieso que siempre busco que la gente crezca o se quiebre. Esto no hace a unos mejores o peores personas. Para nada. Yo me he “quebrado” para muchas personas que tal vez contaban con mi amistad para ciertas interacciones que me rebasaron. No me crecí con amistades que procuraban cosas que no entendí o no compartí. Y no soy mala persona. Simplemente no aprobé ni emocional ni socialmente su proceso.

Mis amigos y colaboradores más cercanos conocen este sistema perfectamente. No es uno que haya desarrollado en mala lid, pero tampoco busco que sea algo discreto o tímido. Quiero que la gente suba de nivel – caray, que cambien – porque sé que se puede. Sé que cuando estamos arriba en lo psicoemocional, intelectual, profesional y personal nos la podemos pasar todos mucho mejor.

La gente puede cambiar. Simplemente que no todos lo van a hacer en el momento que me conviene. Y está bien. Yo mismo no he cambiado en instantes que eran convenientes para otros. A veces llegamos tarde a ciertas fiestas, pero siempre hay más para asistir.

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g. Armar el equipo.

Siempre explico que VERSE Technology es una compañía espacial disfrazada de empresa B2B de ingeniería y hardware para el Internet of Things. ¿Por qué es una empresa espacial si no lo es? Porque mis socios y yo estamos formando al equipo para ello.

Waterhouse es un conjunto internacional de centros donde la inteligencia artificial y realidad virtual juegan un papel estratégico para las clases de idiomas y otras habilidades de tecnología y negocios que damos en nuestras instalaciones con eventos tipo TED y un ambiente estilo Starbucks. No estamos ahí aún, pero lo estaremos. Lo sé porque estoy formando al equipo para ello.

Armar el equipo ideal para cada situación es algo en lo que me he especializado a nivel de post-doctorado en las últimas dos décadas de mi vida. Lo hago en casa, en la vida y en los negocios. Sin equipo no hay avance. Sin equipo no hay avance. Sin equipo no hay avance.

Por eso hay muchos profesionales que son fantásticos pero no reciben las recompensas que en teoría el mundo debería darles porque no dominan esta parte de la gran ecuación del “éxito”. Por eso hay muchas grandes ideas instaladas en muchas cabecitas que no despegan porque con la individualidad sólo se recorre una pequeña parte del camino.

Llevo dos horas desconectado del mundo para escribirte este ensayo, querida lectora. El mundo sigue girando. Mi familia sigue. La vida sigue. Mis negocios siguen. Por los equipos, obviamente. Grandes equipos.

Creo que puedo hacerlo todo si uno la psicología con el conocimiento y los recursos de tiempo, dinero y atención como estrategia de largo plazo.

No estoy solo en este mundo. No estás solo en este mundo. A veces tienes suerte y encuentras a tu sangre en la universidad y con ellos conquistas la galaxia. A veces son tus amigas. Pero en muchas ocasiones no. Son personas con las que no compartes en común casi nada pero que de alguna rara e intrínseca forma al combinarse sus habilidades con las tuyas explotan a niveles increíbles. A veces tu sangre está regada por todo el mundo y es entonces cuando tienes que entender que hay que moverse para reunirla y hacer juntos lo que sabes que tienen que hacer.

Analiza a cualquier gran cabrón que admires y nota el impacto de este principio en su obra.

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h. Pisar el campo semántico. Pisar el futuro.

Insisto a diario con mis managers que ochenta por ciento de su atención debe estar en la operación del día a día y veinte por ciento en el largo plazo. Se los digo en realidad para recordármelo.

Al momento de escribir estas líneas, llevamos dos ediciones de #FutureTalks @ Waterhouse, sesiones donde abordamos temas de tecnologías emergentes con nuestros usuarios y público en general. La logística para organizar cada evento en el Waterhouse Center correspondiente descarrila la operación diaria. Hay que posponer algunas clases, cambiar horarios a algunos maestros, reconfigurar los salones individuales para hacerlos un auditorio, supervisar el registro de los interesados aparte de las actividades normales de vender y administrar, cerrar más tarde y un largo etcétera. Todo esto es un incordio cuando el corto plazo es lo que domina nuestra mentalidad. Es más cómodo y fácil hacer lo mismo de siempre cada jueves de cada mes a tener que reorganizar tiempo, atención y dinero una vez cada cuatro semanas para poner un pie en el tipo de actividad y conversación que impulsa lo que queremos que nuestra marca sea.

Alta tecnología. Datos. Networking. Realidad virtual. Ideas. Libros. Cultura. Inteligencia artificial. Experiencias. Management. Intercambios. Internacional. Lean. Esas son las palabras que queremos que en cinco años definan de manera natural el halo de lo que es Waterhouse. Ese es nuestro campo semántico. Si nuestras acciones diarias no nos empujan de alguna manera hacia ese mapa de conceptos no estamos entonces poniendo un pie en el futuro en cada jornada.

¿El campo semántico que diseñé hace años para la marca Aaron Benitez? Alto desempeño. Ideas. Libros. Hacks. Negocios. Ahora que lo he conquistado a cierto nivel, he desarrollado otro que lo complemente. Y empujo a diario para llegar ahí. Una empresa o persona que no tiene un campo semántico a conquistar en su futuro, no tiene un rumbo muy claro. Las palabras con las que el mundo te define hoy son culpa (o recompensa) de tu versión pasada. Las palabras con las que te definirá son tu responsabilidad actual.

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Elegí platicar contigo sobre estos principios porque llevo años utilizándolos y sé que me van a acompañar por muchos más. Es posible que algún día tenga que retirar a alguno de ellos. Otras formas de ver la vida que tengo no pasaron la prueba para estar en este artículo porque las he usado más a conveniencia que como estrategia constante. Estos principios no son universales, ni son perfectos, ni son algo que intente empujar a tu versión actual. Son – utilizando la analogía hacker – los comandos con los que hago magia en la shell de UNIX.

Supongo que los revisaré y agregaré otros después de terminar con el libro de Dalio.

Libro del que todavía no rebaso las primeras cinco páginas y ya me ha hecho escribir tres mil quinientas treinta y cuatro palabras.

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