ENSAYO SOBRE MI POBREZA

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Era pobre porque creía que yo siempre tenía la razón. A las personas arriba de mí en lo intelectual, social, cultural, económico y profesional en lugar de analizarlas para emular lo mejor de ellas, las criticaba y atacaba. Durante mucho tiempo abracé sólo a gente que me hacía sentir bien, “chido”, a gusto. No me elevaban en nada, pero siempre podía contar con nuestras borracheras para hablar mal de otros y culpar al gobierno, empresas y sociedad por todo lo que iba terrible en mi vida. Copiar lo que las personas arriba de mí hacían siempre fue difícil dado que involucraba
  1. apertura de mente (“para volar alto tengo que pensar diferente”),
  2. honestidad conmigo mismo (“no, no estoy bien, hay otras maneras de subir de nivel”) y
  3. frustración crónica (“ya intenté eso y no funcionó, me rindo”). Ser necio tiene connotación negativa y positiva. Yo era el maestro de ser necio de forma negativa.
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Era pobre porque no leía. Y cuando leía, me enfocaba en las revistas de fútbol con los jugadores de moda, posters, estadísticas y demás datos inútiles que jamás me iban a sacar del hoyo donde estaba. Las pocas veces que leía no lo comentaba con otros porque nadie a mi alrededor hablaba de novelas, ideas o así. Leer resultó ser la conversación más íntima entre cerebros poderosos y mentes frágiles como la mía. Leer fue la manera más sistemática de someter a mis tontas neuronas a un mundo que jamás habría podido visualizar si no me hubiese a consumir párrafos y párrafos de filosofía, tecnología, política, sociedad, biología y demás. Todo el mundo que sabe lo dice y es cierto: no puedes combatir la pobreza económica de forma sostenible si la pobreza intelectual sigue ahí. Requiere mucho esfuerzo mental salir de la pobreza porque hay que entender que lo que tus familiares, amigos y maestros te han taladrado por años no es el único ni el mejor camino para ello.
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Era pobre porque creía que todo se basaba en el dinero. Ahora defino a la pobreza como una falta crónica de oportunidades + ocupación masiva de mi espacio mental con problemas de recursos. Cuando no sabía generarme oportunidades (porque esperaba que “esa beca me la diera la escuela” o que “mi papá estuviera de acuerdo con tal idea” o que “el gobierno aprobara tal solicitud”), vivía a la expectativa. Todo eso cambió cuando decidí inventarme mi trabajo actual (dar conferencias, escribir, estar al frente de mi grupo de empresas y que todo ello me genere oportunidades). La pasividad fue la marca que más distinguió aquel periodo de mi vida. La proactividad es en donde vivo ahora. Jamás espero “a ver cuándo nos vemos” para “coincidir” con alguien. Quiero ver a alguien, hago que suceda. Jamás intento “esperar a que la persona entienda lo que le quiero decir”. Le digo lo que necesito que entienda. Y así sucesivamente. No utilizo “ahí nos ponemos de acuerdo”. En su lugar propongo fecha y hora.
 
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Era pobre porque creía que la forma de subir de nivel era trabajando “duro”: más horas, más sudor, más estrés. Luego aprendí que se trata de trabajar inteligentemente: analizar, crear equipos geniales, optimizar, delegar, sistematizar, hacerse a un lado.
 
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Era pobre porque me enfocaba apasionadamente en tonterías que no tenían valor alguno en el largo plazo. Lo siento, pero eso son: tonterías. La larga fila afuera del estadio para conseguir un boleto para el partido de fútbol; llegar a nivel enemil en Tetris; perseguir al camión repartidor de refrescos para canjear una promoción; pasar días sentado sin hacer nada en una huelga dictada por un tipo que me dijo que era importante “luchar por nuestros derechos” cuando no entendía que la vida premia a los activos y a los que saben adaptarse, no a los que se andan dando latigazos emocionales por cualquier pequeña ofensa y alteración a su estado actual. Hoy la única “tontería” en que pierdo tiempo es con Netflix y, hasta eso, lo abordo como educación disfrazada en series y películas.
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Era pobre porque creía que amar a alguien significaba que tenía que poner toda mi atención a lo que esa persona dijera. Ahora sé que puedo amar a muchas personas y jamás poner atención a sus “consejos” (consejo viene únicamente de quien ya ha hecho lo que tú quieres lograr, si no, es una mera opinión. Analiza y verás que casi todo lo que el mundo te “aconseja” en realidad es una pinche opinión. Ignórala. Que tu opinión sea la preponderante en tu vida). Esto es duro, porque nos encanta tener la imagen romántica de que toda sabiduría y buenas ideas emanan de las personas que nos han cuidado toda la vida y dado mucho, pero no va por ahí. Ama a tus papás, pero si son pobres, no les prestes mucha atención. Esto es lo más contraintuitivo que he aprendido. Ama a tu novia, pero si está igual o peor de confundida que tú en la vida, toma decisiones diferentes. 
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Era pobre porque me acostumbré a las marcas que “conspiran” para mantener a sus clientes en ese nivel. En México, consumir lo que Elektra y Coppel te venden con “pagos chicos” semanales es la identificación perfecta de que tu mente sigue anclada a ese nivel. No necesitas el celular de cinco mil pesos cuando tu salario es menor a eso. No necesitas “estrenar” ropa en Navidad ni el crédito de Banco Azteca para los quince años de tu nena. Cuando todos en la colonia aplauden nuestras decisiones, tenemos un serio problema de estandarización con ese nivel. Para salir de ahí, el primer requisito es no actuar como todos ni permitir que entiendan cada una de nuestras decisiones claramente. La gente alrededor de mi familia no entendían ni aplaudían la inteligente decisión de mis papás de hacerme estudiar inglés en la mejor escuela aún cuando nuestros medios eran bastantes limitados.
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Era pobre porque prácticamente todo me ofendía. Leer un artículo como éste hacía que mis venas se inflaran y comenzara a contraatacar al tipo que lo había escrito en lugar de entender que mi débil ego se sentía ofendido y que estaba tratando de racionalizar a mi favor cosas que en realidad tenía muy en contra. Una actriz famosa decía que hay que ofender más seguido a las personas que se ofenden fácilmente. Y estoy de acuerdo. Cuando todos nos indigna rápidamente es que no estamos enfocados en construir una gran vida. La indignación suena bien para cambiar al mundo, pero en el nivel de pobreza es más una excusa que yo usaba para no hacer mi tarea y sí promover más drama.
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Era pobre porque creía que debía ahorrar para lograr mis metas. La renta del primer departamento que conseguí para independizarme era casi la mitad de mi salario. La del siguiente departamento era más de la mitad. Y el capital necesario para lanzar mi primer negocio jamás lo tuve completo, así que me tuve que mover por partes. Pero lo que descubrí es que al adquirir compromisos grandes una especie de sentido de urgencia emocional se activaba en mí. Ello me ponía a resolver el problema y dominarlo. Así en pocos años pasé de un departamento feo a uno genial frente a la playa. Porque ahorrar resultaba para mí muchas veces ser la excusa de la pasividad y la “planeación”. El que planea mucho pero no tiene experiencia en realidad está aplazando sus ideas. Que planee quien ha hecho cosas y sabe ser estratégico. En el nivel de pobreza, ese no era yo. Entre planear y ejecutar, te recomiendo no ahorrar y hacer lo que tienes que hacer.
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Era pobre porque lo que hacían los empresarios, el presidente y “los privilegiados” estaba mal. Desarrollé la mentalidad de “nosotros” vs “ellos” como si eso me fuera a elevar de nivel. El “nosotros” vs “ellos” es la noción más infantil para moverse en la vida porque te hace aplaudir tonterías de tu nivel y del de abajo y criticar en automático el nivel superior. No es que las cosas que hacen los empresarios, el presidente y “los privilegiados” sean todas buenas – Dios, tú y yo sabemos que no – pero sí entendí que había muchas buenas razones para la forma en que ejecutaban sus decisiones.
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Era pobre porque iba a todas las fiestas, temeroso de que alguien se fuera a enojar o “sentir” conmigo si no asistía. Fui a todo lo que no quería ir y con los años entendí que era irrelevante estar cumpliendo esas obligaciones cuando al mismo tiempo descuidaba mi enfoque para el largo plazo. ¿Sabes qué fue lo que me hizo tomar nota de esto? Que no fui a mi fiesta de graduación de la universidad (era pobre, recuerda) y a la fecha mis amigos de esa etapa piensan que ahí estuve y algunos hasta insisten que salgo en fotos y me recuerdan en la interacción. No soy ni era tan importante: mi tonto ego me hacía pensar que mi asistencia era vital cuando lo único que es realmente prioritario es estar enfocado.
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Era pobre porque aceptaba como cierto y correcto todo lo que cualquier persona mayor que yo o en una posición jerárquica superior me decía en lugar de analizar su vida para ver si sus palabras justificaban sus acciones. Un hombre no es sus palabras. Analiza la vida de alguien antes de prestarle tu oído.
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Era pobre porque anhelaba el fin de semana para el “relax” cuando no había hecho realmente nada por avanzar en la vida durante la semana. Creía que el sábado y domingo tenían que ser pausas antes de entender que son días como cualquier otro y se pueden utilizar para avanzar en lugar de pendejear.
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Era pobre porque no sabía negociar mi salario y sólo me quejaba en silencio con las personas incorrectas. No sabía agregar genuino valor desmedido a todo lo que hacía independientemente del sueldo y posición en las que me encontraba.
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Era pobre porque no diseñaba mis amistades. Todo lo dejaba al azar. Pensaba en vecinos, familiares y colegas como amigos. Si alguien estudiaba una materia conmigo, en automático yo pensaba que las horas conjuntas de estudio y el sufrimiento académico compartido nos hacían amigos. Ahora sé que si la mente y vida de alguien me atrae, debo dedicarle tiempo, atención y dinero. Debo llamar, saludar y platicar. Debo recomendar y regalar libros e ideas. Debo viajar a ver quienes quiero que sean mis amigos ahora y en el largo plazo. Casi nadie en la pobreza diseña sus amistades.
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Era pobre porque mi mente estaba 24/7 pensando en sexo y mujeres dejando nulo espacio para tener estrategias de vida y negocios. No poder dominar la calentura sexual nos ralentiza en todo. Y nos estupidiza también.
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Era pobre porque cuidaba empleos “seguros” que rápidamente me daban lo que me tenían que dar. Era pobre porque admiraba trabajos “fáciles” como el del tipo que supervisaba los parquímetros para encontrar vehículos con tiempo vencido y acumular la mayor cantidad de multas y al mes recibir como premio un día extra completo de descanso. Era pobre porque mi mayor aspiración era lograr un trabajo en la fábrica local más famosa sin pensar en la alternativa de salir de la ciudad y/o construir mi realidad.
 
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Era pobre porque ante una decisión siempre favorecía el pensamiento de “todo lo que voy a perder” en lugar de ver “todo lo que podía ganar”. Me pasaba hasta con las chicas. Pensaba en lo ridículo que me iba a ver si me acercaba a decirle algo, pensaba en lo mal que me iba a sentir si me rechazaba cuando le dijera que me gustaba, pensaba en todo lo malo hasta que me acostumbré a pensar en todo el upside de las cosas. Si, me puedo ver ridículo acercándome a hablarle, pero podría terminar la noche con su número de teléfono. Sí, podría herir mi ego con el rechazo, pero podría tener buen sexo si ella se siente igual de atraída por mí. Ha sido tan grande mi entrenamiento en pensar en el lado positivo de las cosas que rutinariamente necesito de gente a mi alrededor que me haga ver lo que puede salir mal, al menos para considerarlo tímidamente en mi fórmula de decisiones.
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Era pobre porque no era curioso. Todo lo veía desde el nivel superficial. ¿El viejo auto de la familia dejaba de arrancar? Quien sabe por qué será. No tenía la actitud de aprender un poco de mecánica automotriz o desarmar el alternador o aprender a limpiar bien las bujías. Cero proactividad + cero curiosidad = pobreza mental y económica constante. Hoy los chicos no son curiosos. De las miles de personas leyendo esto, apenas cinco o diez conocen el Ads Manager de Facebook. Creen que la red social es nada más publicaciones chistosas y grupos con comentarios pendejos cuando en realidad Facebook es una universidad con nivel doctoral para el análisis en tiempo real del comportamiento consumista y social de sus usuarios. Facebook es un océano complejo al que sólo juzgamos por las débiles olas que nos llegan de él hasta nuestra orilla personal. Este es un ejemplo de la falta de curiosidad que nos rodea en el nivel de pobreza. Algo que me fascina de mi vida actual es que todos los días tengo que estar aprendiendo algo de leyes, administración, marketing, tecnología, relaciones públicas y demás. Ser curioso de forma predeterminada me hace la vida fácil y genial.
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Era pobre porque pensaba que las metas que la gente a mi alrededor tenía para mí eran mis metas. Me explico. Papás siempre quisieron a su hijo profesionista. Nada más que su hijo profesionista no resultó ser un buen ingeniero. Siempre pensé que quería ser eso que todos a mi alrededor me decían que debía lograr dadas mis buenas calificaciones: un profesionista con un buen trabajo. Pero aunque eso está genial, nunca pude serlo. El día en que me cambié de “profesión” a ser hombre de negocios, bueno, me di cuenta que mis metas eran otras y que jamás habían estado realmente alineadas a mi conducta. ¿Es tu meta estar titulado para obtener el puesto que tu papá va a dejar vacante en la empresa donde pasó treinta años? No es tu meta. Es la de tu papá. Y te va a ir terrible, porque estás abrazando algo que no es tuyo.
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Era pobre porque hablaba perfectamente el idioma drama-bajo-desempeño a diario. “Es que la cosa está difícil”, “ay Dios mío, ¿dónde vamos a parar?”, “es que el gobierno nos tiene así”, “ya no se sabe”, “la crisis está dura”, “no digas tus ideas porque te las pueden robar”, “el Domingo es día para la familia”, “es que el Padre dijo esto”, etcétera. Si te pasa como me pasaba a mí que creía que los idiomas sólo eran formas de comunicarse con gente de otros países, estás equivocado. Hay muchos sub-idiomas dentro del mismo idioma. Tomemos que en español puedes hablar como pobre, como persona de negocios, como futbolista profesional, como sindicalista, como programador, como intelectual, como junior antrero, etcétera. El idioma que más procures es el que va a crear tu realidad.
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Era pobre porque admiraba al conocido que había conseguido un empleo “bien pagado” en la fábrica local a donde todos aspiraban entrar. Cuando tiramos la piedra de la ambición de forma cercana, es fácil enamorarnos de la facilidad con la que potencialmente podemos llegar a ella. El problema es que cuando los objetivos son cortos, fracasar en ellos no nos hace avanzar mucho, cuando por el contrario, si admiras a Bill Gates y Elon Musk, aún quedándote a un cuarto del camino, has avanzado mares de distancia y tu pueblo y vieja realidad han quedado hace mucho tiempo atrás. Quiere a tus conocidos que logran esas cosas pequeñas por las cuales el ego suele emocionarse (ya que nuestro círculo limitado las aplaude) pero tú ve por mucho más.
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Era pobre porque no era honesto conmigo mismo. Creía que me veía bien en ese traje que había comprado a ochenta mensualidades cuando en realidad estaba gordo pero jamás me lo iba a admitir. Decirnos las cosas que tenemos que decirnos para actuar sobre ellas es lo más complicado a vencer. No es que hoy sea Brad Pitt – Dios, tú y yo sabemos que no – pero veo mis fotos de aquellos ayeres y definitivamente tener conversaciones honestas conmigo no era mi fuerte. Aparte de lo físico, tampoco tenía conversaciones honestas conmigo mismo para decirme que estaba pendejeando en tal trabajo, en tal relación, en tal situación. Admitirnos estas cosas es dominar un pedazo estratégico de nuestra personalidad.
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Era pobre porque hacía fiestas cada fin de semana como si mi vida dependiera de ello. Viniendo de una familia extendida experta en organizar eventos grandes de forma casi industrial, creo que algunos de esos genes me atacaron durante mi juventud. Llegué al tonto punto de pensar que mis amigos me iban a querer menos o que las personas iban a pensar que algo andaba mal si no lanzaba la invitación para beber y fumar como enfermos en mi departamento en turno. Pasar un buen rato no significa estar embrutecido. Pasar un buen rato no significar “resolver el mundo” con palabras arrastradas y cero ejecución. Pasar un buen rato hoy es muy diferente para mí de lo que era ayer.
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Era pobre porque era muy duro conmigo mismo. Creía que no podría lograr ciertas cosas porque “no era tan inteligente como (tal persona)” o “no tenía los contactos de (tal persona)” y así. En su lugar, aprendí a ver todo lo que tenía a favor de forma predeterminada y eso es lo que me ha ayudado a escalar poco a poco. Soy mi mejor amigo y no me digo cosas que no le diría a alguien que quiero en una situación donde esa persona necesita apoyo.
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Era pobre porque no hacía preguntas. Y cuando las hacía, no eran buenas preguntas. Y todo me daba pena o miedo. Ahora soy un experto en “entrevistar” a todo aquel que admiro y llevar la conversación a niveles granulares de “cómos” y “por qués”. La gente que no pregunta tiene garantizadas cero respuestas de la vida. ¿Sabes cuál es una de las frases que más escucho semana a semana? “es que te iba a contactar, pero me imaginé que estabas ocupado”. ¡Claro! Hay dos estados en mi persona: ocupado/descansando. No hay un estado intermedio “esperando a que alguien me quiera contactar para que no le dé pena interrumpirme”. Al ser pobre, me limitaba a comunicarme con la gente de fácil acceso (amigos, familia, colegas) porque es eso, fácil. Pero para acceder a ideas y oportunidades geniales, hay que contactar a los que genuinamente están ahí. Y hacerles preguntas. Muchas. Cada vez mejores.
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Era pobre porque no accedía a contenidos de calidad. Me llenaba a diario de las noticias típicas y la información sobre los próximos partidos y peleas de box como si eso tuviese alguna especie de influencia genuina en las cosas que quería construir. Todo el mundo dice que quiere tener “libertad financiera” (sorry, eso junto con cualquier cosa que tenga las palabra millonarios y millones los considero términos del idioma pobre: no los uses) pero gastan su dinero en contenido que no los lleva hacia ese punto. Hoy compro las revistas de negocios más caras que puedo porque sé que las ideas que ahí encuentro valen millones en el muy corto plazo. Entrepreneur en español y demás están muy bien, pero no se comparan a Harvard Business Review.
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Era pobre porque creía que necesitaba saber administrar mejor mi dinero cuando lo que he aprendido es que lo estratégico es saber hacer dinero en toda circunstancia. ¿Para qué aprender a administrar dos pesos cuando puedes enfocarte en hacer mucho más de forma consistente? Mis negocios están muy bien administrados, pero es dominio público que no soy yo quien hace eso. Yo soy el que propone qué vamos a hacer y cómo elevar las ideas. Si tienes que escoger entre administrar bien el poco dinero que tienes o dominar el hacer dinero en cualquier circunstancia, opta por esto último.
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Era pobre porque quería que todo se basara en mí. Fui fiel ejemplo de lo que el sistema educativo en el que crecí proponía: que tu “éxito” en la vida fuera resultado únicamente de tu esfuerzo. Eso está mal. Es anacrónico. No construyes imperios solitariamente por muy chingón que seas con la espada. Necesitas equipo. Gente. Seguidores. Consejeros. Ejecutores. Estrategas. Técnicos. Creativos. Administradores. La universidad te enseña lo opuesto: a que lo hagas tú y obtengas tu calificación y que no te juntes con los “tontos”. Esta es mi mayor habilidad: generar equipos de trabajo geniales.
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Era pobre porque ante la opción de someter mi mente al álgebra booleana para determinar resultados en una máquina de estados o copiar y pegar información de internet para presentar un trabajo de una materia “tonta”, yo siempre elegía lo último. Ahora prefiero siempre someter mi mente a complejidades – que casi nunca entiendo – pero que me hacen esforzarme más. Si estudias marketing, derecho, diseño o cualquier otra cosa por el principal argumento de que quieres evitar las “matemáticas”, estás mal. Punto.
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Era pobre porque todo lo hacía de forma lenta. No me apresuraba. No cultivaba en mí el sentido de urgencia. No se puede vivir 24/7 en modo “esto es para ayer, ya, now, ahora” pero siendo jóvenes, esa forma de comportarse te va a rendir muchos frutos porque vas a acelerar resultados que otros tendrán (si acaso) en veinte años. Tengo treinta y siete al momento de escribir estas líneas. Mucho de lo que hago y pienso ya lo hacía y pensaba a los veintes pero no me aceleré en capitalizarlo. Comencé a ejecutar la vida que quería hasta entrando a mis treintas. No fue tarde, pero ciertamente pude haberlo hecho mucho antes.
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Era pobre porque bebía mucho alcohol pensando que “así la paso bien” sin entender que era realmente frustración.
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Era pobre porque veía las grandes vidas en películas en televisión y pensaba que era algo fuera de mi alcance. Luego entendí que todos esos personajes geniales tuvieron que haber comenzado en algún lado, así que decidí comenzar.
 
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Era pobre porque no pensaba a cincuenta, cien años. Pensaba en graduarme y ya. Pensaba en obtener un trabajo y ya. Pensaba en las vacaciones de Diciembre y ya. Son muy pocas las personas que tienen pensamiento constante de largo plazo. Me considero una de ellas. Y eso hace que todo se ajuste a una dimensión más profunda.
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Era pobre porque no sabía decir “no”. Me escondía. Dejaba de responder el teléfono. Fingía desconocimiento. Me hacía el sorprendido. Ahora busco siempre tener “ownership” de cualquier asunto y decir “no” de frente y rápidamente si es el caso. Así acostumbro a la gente a saber qué esperar de mí y también a enfocarme en las cosas que importan.
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Era pobre porque no compartía. Tenía la mentalidad de que me podían robar las ideas (esa idea super genial que crees que tienes y que según tú te va a hacer millonario, no es así. La idea es irrelevante. Es la ejecución lo que cuenta) y que había que “cuidar” todo lo que uno hacía. Ahora soy casi transparente. Considera este artículo un ejemplo. Esto no quiere decir que viva en una situación idílica. Mi equipo de relaciones públicas sufre cada vez que escribo cosas así, más de uno de mis socios sacude la cabeza cuando me leen en este modo, pero la verdad es que yo me siento ligero al no tener que estar decidiendo qué cosas compartir y cuáles no. Mejor comparto todo. Y así – como genial efecto colateral – llegan nuevos amigos, nuevas invitaciones, nuevos inversionistas, nuevos clientes, nuevas cosas.
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Era pobre porque veía el drama como algo normal. Creía que “El Chavo del 8” era comedia cuando en realidad es drama disfrazado. Un niño huérfano de la calle en un barril con hambre todo el tiempo es trágico, pero al ponerlo en situaciones “chistosas” creemos que “está bien” tener problemas con los vecinos, tener deudas de la renta y estar frustrados en el amor. Las telenovelas definen a mi país porque así somos: nos fascina el drama. Y entre más drama, más pobreza.
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Era pobre porque pensaba que no sabía hacer nada. Resulta que tontamente equiparaba mis habilidades a mis diplomas. Fue hasta cuando entendí que no tenía diploma alguno pero sí tenía muchas habilidades para vender al mundo: cómo hablar, cómo escribir, cómo crear equipos de trabajo, cómo conseguir capital, cómo vender, cómo usar Facebook como pro, cómo leer orgánicamente, cómo volverte un empresario, cómo esto y cómo aquello. Mi principal problema es que le quería vender la importancia de estas habilidades a mi círculo típico quien no veía en mí más que a un tipo que estudió ingeniería pero que no era buen ingeniero. Al expandirme en mi intención y vender mis habilidades sin diploma al mundo, bueno, las cosas cambiaron, por decir lo menos.
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Era pobre porque estaba frustrado y dirigía mal mi enojo. Leia “La Jornada” con pasión desmedida y odiaba a diario más y más al “mal gobierno” y a los empresarios. Mi mente era el reducto más extremo del izquierdismo pro-liberal anti-neo-liberalista. Aún abrazo algunas ideas de aquellos tiempos, pero he aprendido a expandir mi rango, mi espectro de pensamiento a varias aristas. Podemos hablar del ROE y ROI de tu empresa, del desarrollo matemático de lenguajes interestelares, del EZLN, las FARC, la historia del mundo, exobiología y más. Y no me voy a enojar por tus puntos distintos o complementarios. Estar enojado ante la vida y justificarlo intelectualmente es el reducto de una frustración que tiene miedo de admitirse a sí misma. Yo he decidido no estar enojado con el mundo y expresarlo a través de un fanatismo del lado que sea. ¿Por qué no podemos creer en Dios y la física cuántica al mismo tiempo? ¿Por qué no podemos abrazar el arte y hacer ciencia sin sentirnos culpables? Entre más amplio sea el rango de pensamiento que cargamos, más fácil nos va a resultar enfocar lo que hacemos positivamente. Que tu enojo no sean manifestaciones, bloqueos, vandalismo, comentarios troll en internet y demás. Que tu enojo sea el vehículo para ampliar tu visión.
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Era pobre porque creía que la “educación” era importante cuando en realidad lo que la gente llama “educación” hoy en día es “adoctrinamiento”. Y aunque sacar buenas notas e ir a buenas escuelas es bonito y aplaudido, aprender haciendo es lo mejor. No tengo ningún curso de redacción detrás de mí (como los profesionales podrán notar) pero tengo miles de lectores frente a mí. ¿Fui educado para escribir como escribo? Sí. Me eduqué yo. No recibí adoctrinación en este punto. No estoy diciendo que ir a la universidad esté mal. Lo que estoy diciendo es que en la pobreza ponemos una fe casi absoluta en una carrera universitaria sin entender que al hacerlo así fracasamos en poner mejor esa fe en nuestra capacidad creativa e inherente de meternos a muchas facetas de la vida que llamen nuestras atención y que eso está muy bien y que nos va a dar muy buenas resultados si lo cultivamos. “Estudia para ser alguien en la vida” es un refrán. La pobreza se alimenta refrán a refrán. Los refranes NO SON sabiduría popular. No es tonto quien presta un libro. Puedes abarcar mucho y apretar. No vivas con refranes.
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Era pobre porque no entendía “el juego”. El juego se trata de lograr tus objetivos (economía, felicidad, familia, profesión, etcétera) sin “perder” muy seguido (cárcel, despidos, terminación de relaciones y demás). En el juego lo que vale son dos cosas: la actitud que mantienes pese a todo y lo que aportas aún si nadie te da nada. Si haces las cosas esperando aplausos por cualquier minucia (tu nuevo carro, tu ascenso, tu nuevo corte de cabello y demás) vas a vivir muy frustrado. Era pobre porque mi actitud encajaba perfectamente con eso.
Cambié mi actitud y mi estado cambió.
 
Cambié mi mentalidad y mi realidad se alteró.
 
Sé un ejecutor optimista y estratégico.
 
Sé el tipo que hace lo que tiene que hacer.
 
La pobreza es hackeable.
 
Pero nada puedes hackear si no piensas y actúas diferente.

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