Operaciones secretas y meditaciones

Aprendizajes inesperados en libros, series y películas.

«Rapto de Europa» fue el nombre de la operación secreta con la cual Estados Unidos desestabilizó la economía de ese continente por allá de los setentas con crisis petroleras. ¿La intención? Impedir que estas naciones se volvieran genuina competencia y amenaza a su hegemonía. Los detalles de esta profunda maniobra geopolítica los leí a los nueve años en Caballo de Troya, la obra de J.J. Benítez sobre un viaje al tiempo de Jesucristo como parte de un proyecto secreto de la fuerza aérea estadounidense. La descripción que hizo de una computadora cuántica y cómo es infinitamente superior a la tecnología de silicio con la que seguimos enamorados voló mi mente también. Si alguna de las explicaciones de este libro es real o no, poco importa. Lo he leído probablemente al menos diez veces en mi vida. Lo relevante es que las lecciones que tomé de ahí han seguido en mi cartera intelectual por décadas.

Luego viene una escena donde el CEO de la startup más candente a nivel global explica a sus co-fundadores las razones lógicas de la demanda legal que un inversionista ha hecho en contra de ellos. «Es su manera de sentarnos en la mesa a negociar», comunica al grupo de hackers. Terminan aceptando la inyección de capital que el multimillonario les ofrece a cambio de una parte de la compañía. Esta es una de las ochocientas notas útiles de negocios que descubrí hace quince años en Cryptonomicon de Neal Stephenson, una novela de ficción histórica y moderna que ha resultado uno de mis mejores manuales profesionales.

Pienso también cuando el autor de otro libro relata que se convirtió en campeón mundial de alguna arte marcial en un torneo en Asia gracias a que leyó las reglas y las usó a su favor: bajó su peso para poder participar en una categoría liviana en la competencia, pero subió inmediatamente su masa muscular para ser un rival invencible ante los demás competidores —más habilidosos sin duda, pero menos fuertes. Tim Ferriss da muchos detalles como éste en su fantástico The Four-Hour Work Week, un libro enfocado en impulsar el concepto de diseño de estilo de vida pero que yo visualizo como un sistema operativo para desarrollar mentalidad de optimización constante.

He comprado un par de libros de marketing en mi vida. No he terminado de leer ninguno de ellos. El mejor marketing que he aprendido a hacer es a través de la ejecución y siguiendo en Twitter a los expertos que se desbordan frecuentemente con tutoriales específicos y poderosos en diversas áreas. Para el instante en que un libro de un tema como «marketing digital» está listo, las reglas han cambiado. Quienes llevan o llevaron la especialidad de marketing en alguna institución y no tocaron a profundidad temas como ciencia de datos, estadística, programación, no-code, psicología e ingeniería, bueno, bien podrían haber pagado por una carrera universitaria en mantenimiento de carruajes a caballo: sí, daño no hace, pero las oportunidades poderosas no están ahí.

Intento decirte que al ver una película, una serie, escuchar un podcast, leer un libro, tener una conversación, ir a un evento, actives todas las antenitas biológicas, emocionales y filosóficas que tengas para que puedas detectar y absorber la mayor cantidad de notas de negocios, de la vida, de parenting, de management y de tecnología que puedas tomar, aunque aparentemente el contenido no se anuncie en esas áreas específicas.

Piensa en una serie como Billions, llena de dramas exagerados. No es para que pienses que los pleitos que tienen los protagonistas son el verdadero día a día de la super élite global, pero sí para que estudies comportamientos claros que estas personas favorecen todo el tiempo. La meditación es uno de estos ejemplos. Tanto el director general de una gran corporación como el abogado gubernamental de alto perfil emplean esta herramienta constantemente. Esta es una tendencia en intensa expansión desde hace algunos años que los creadores de la serie agregaron con inteligencia a sus personajes para darle realismo. Ahora tú medita. Entrena a tu mente.

¿Para qué me sirve saber sobre operaciones geopolíticas del imperio gringo hace varias décadas? Para entender que una cosa es un discurso público y otro las maniobras detrás de escenas. Esto aplica a tu país, al mío, a tus políticos y a los míos. Ve lo bueno en la gente, claro, pero no seas inocente con lo que tu político favorito te está diciendo. Para comprender que aquellos a cargo de un imperio, piensan en horizontes de tiempo increíbles y aplican medidas implacables para mantener su posición.

¿Para qué me sirve entender una estrategia legal de un multimillonario versus algunos hackers? Para entender las diferentes variantes que una negociación puede llevar, más allá de la romántica imagen de unos tipos vestidos formalmente sentados alrededor de una gran mesa ejecutiva intentando leer el lenguaje corporal de los demás. El jugador con más recursos siempre puede ahogar al otro lado en un mar de entramados judiciales largos y costosos, siempre y cuando pueda sostener la estrategia y sepa cómo jugar el juego.

¿Para qué me sirve la anécdota de Tim Ferriss y su campeonato mundial de artes marciales? Para entender que quienes escribieron las reglas de cualquier situación jamás pudieron tener visualizadas todas las posibilidades y que hay muchas maneras de aprovechar las grietas. Y así he podido co-fundar una empresa de alta tecnología con grandes clientes internacionales sin necesidad de tener el diploma formal de la universidad para ello. Los que escribieron las reglas de los negocios no exigen en sus estatutos que debes ser un niño de excelentes calificaciones para demostrar inteligencia académica.

¿Para qué me sirve saber que los personajes principales de Billions meditan? Porque confirma lo que he escuchado, leído y visto en muchas personas de esos altos niveles: prácticamente todos cargan sin falta con apps estilo Calm y dedican tiempo a actividades que lucen exóticas para la mayoría de la población —conexión con la naturaleza, psicoterapia, cosas así.

Desaprende. Primer paso. Deja atrás casi todo lo que te han taladrado durante veinte años en la escuela. Es bastante difícil, pero no, no tienes que amar a la bandera ni jurar que morirás por tu patria para sentir que eres una buena persona. Tampoco importa si no recuerdas todos los elementos de la tabla periódica, ni si utilizas tinta roja con las mayúsculas en tu cuaderno ni si memorizaste bien los términos de un trinomio cuadrado perfecto.

Aprende. Segundo paso. Ingresa a tu sistema operativo personal las técnicas e ideas que verdaderamente te sirven para avanzar en este mundo. «Aprender» puede ser un concepto que en tu mente igualas con «estudiar» y esto trae imágenes de tardes aburridas y momentos frustrantes donde algo no te quedaba claro. Quita eso de tu mente. Aprender es esto que estás haciendo en este preciso momento: sumergirte en algo con curiosidad natural, reflexionar al respecto, tomar algunas decisiones y ponerte en marcha con la información.

Ejecuta. Tercer paso. Pon en acción lo que has internalizado porque sólo así podrás ver la magia emerger. De nada sirve entender las cosas a un nivel teórico y seguir sufriendo en tu día a día. La ejecución es lo que más ruido te va a causar porque verás, casi nadie ejecuta: todos viven reaccionando y cumpliendo a estándares externos impuestos. Ejecutar en la línea que te invito significa accionar los elementos que nadie te está obligando a empujar para resultados que deseas conquistar.

Desaprende rápido.

Aprende de todo.

Ejecuta con decisión.

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