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Manual del Hacker

Era el verano de mil novecientos ochenta y cuatro.

Papá compraba una calculadora Hewlett-Packard programable en el gran centro comercial. A mis cuatro años y setenta centímetros de altura seguía tan atentamente el proceso de pago como me era posible. Vi cómo la caja rotulada en inglés con la curiosa pieza de tecnología negra y los billetes cambiaban de manos.

A los cuatro años todo lo que no te puedes llevar a la boca para comer tiene el potencial de ser un juguete, sana costumbre infantil que nunca deberíamos olvidar. Con el tiempo —y un par de serias advertencias— aprendí que las laminitas curiosas que papá insertaba en su máquina nueva eran indicativo de algo serio.

Supongo que papá ha de haber intentado explicarme que las tarjetas perforadas que tanta curiosidad me daban eran programas destinados a facilitar su trabajo de ingeniería, pero a los cuatro años si no te hablan de caricaturas, juguetes o dulces, nada importa mucho.

Dos años después, recién terminada la copa mundial de fútbol en México, llegó a casa otra caja con palabras en inglés. Era a mi entendimiento un juguete más grande.

La Commodore 64 no era un juguete, tuvo a bien anunciarme papá.

Tenía razón.

Era un juguetote.

Desde ese momento aprendí que papá siempre tenía razón.

Viví fascinado con la Commodore 64 y la calculadora programable HP toda mi infancia. Tuvieron que pasar algunos años más para obtener permiso de jugar con otra computadora personal monocromática que no tenía mucho de especial pero era para mí lo que el Arca de la Alianza para Moisés.

Era tan sólo lógico creer que mi vida estaba destinada a la tecnología.

Y cuando crees que la tecnología y las computadoras serán tu vida, ser un hacker en toda regla es algo así como predicar la palabra de Dios y soñar con volverte el Papa.

El tiempo pasó y no llegué a ser el hacker informático que soñé. No lloré al respecto porque eso hubiese implicado llorar también por no haber llegado a ser astronauta, bombero, boxeador y presidente del mundo. Hay cosas que simplemente tienes que dejar ir.

Un buen día mientras estudiaba la ingeniería que da vida a la tecnología que usamos a diario me di cuenta que mi fascinación por los hackers no había desaparecido. No haberme convertido en uno de ellos no significa que no pudiese admirarlos y analizarlos.

Así que los estudié. Y desde entonces he leído mucho al respecto. He platicado con algunos y sé dos o tres cosas sobre el tema. Luego caí en cuenta que un hacker no es solamente el tipo que puede hacer magia en una shell de Unix. Un hacker no es únicamente el tipo bien parecido que pone la paz del mundo en riesgo —o a salvo— en sus aventuras tontas con la mainframe del Pentágono.

Un hacker no es el tío que se pasa escribiendo miles de líneas de código en un maratón de cuatro días sin dormir y que cuando despierta vende el código y se vuelve millonario a raíz de su genialidad.

En esencia he llegado a la conclusión de que un hacker es alguien que hace las cosas diferentes.

Y no tiene que ver necesariamente con computadoras, redes o circuitos.

Nada puedes hackear si no piensas diferente.

Nada puedes hackear si no piensas diferente.—Aaron Benitez

No puedes hackear una computadora, un programa, una red o un circuito si no piensas diferente.

Si no eres diferente.

Pensemos en términos de hackear tu vida.

Para ser y pensar diferente necesitas como primer paso dejar de ser y pensar como todos a tu alrededor. He ahí el secreto. Ser hacker no significa hacer cosas que nunca nadie jamás ha hecho antes. No. Eso es casi imposible.

Significa hacer cosas que tu circulo no hace o siquiera considera.

Significa salir de tu círculo en un estado de elevación mental que te llevará de manera natural a otro. Al círculo de tus iguales.

Los hackers son hackers y se juntan. Son comunidad.

De eso se trata. Que te juntes con la comunidad que te corresponde.

Un hacker detesta juntarse con diletantes. A los diletantes les llaman scriptkiddies, chicos que copian un par de trucos y hacen dos o tres cosas exóticas en un sistema y creen que ya lo pueden hacer todo.

No seas un pinche scriptkiddie.

Ningún hacker verdadero se anuncia como hacker verdadero, de la misma manera que los buenos amantes no andan por la calle gritando que son buenos amantes: son cosas que se notan y que puedes demostrar llegado el momento adecuado.

Ningún hacker verdadero se anuncia como hacker verdadero, de la misma manera que los buenos amantes no andan por la calle gritando que son buenos amantes: son cosas que se notan y que puedes demostrar llegado el momento adecuado.—Aaron Benitez

Ya que no soy un hacker informático pienso que puedo al menos #hackearlavida.

Y ciertamente no soy la primera persona del mundo en abordar una carrera universitaria para después dedicarse a otra cosa radicalmente diferente. Pero sí soy la primera persona en mi círculo en hacerlo abierta y descaradamente a pesar de la opinión de los demás.

Cuando la gente a tu alrededor te critica por estudiar enfermería y no ser enfermero te demuestra una limitación en su comprensión del alcance que un individuo puede tener.

Ningún personaje de renombre en la historia de la humanidad se ha dedicado exclusivamente a ejercer una sola profesión. Ninguno. Encontrarás hackers expertos en granjas de avestruces que practican el arte de los sables ninjas y lloran con las melodías de Bach. Un hacker-hacker-hacker es mucho más que la aburrida idea de un tipo con lentes sentado toda la vida frente a un monitor.

Date cuenta que si tus preocupaciones son exactamente las mismas que las de las personas que te rodean, no eres diferente.

No eres diferente si te preocupa quedarte sin dinero, perder tu trabajo, no tener un buen carro, fallarle a tus papás.

Si tus preocupaciones de la vida son los impuestos y las votaciones, aún tienes camino que recorrer en ese sendero que los hackers sociales caminan.

Supongo que hay muchas desventajas en hacer las cosas de forma diferente al resto de la gente. Aún no las conozco. Pero estoy atento a encontrarlas.

Por lo pronto los hackers sociales que voy conociendo, sus historias, sus hazañas, sus ideas y sus tonterías van haciendo del viaje algo interesante.

Antes de pensar en hackear un sistema, hackea tu vida. Eso significa que la optimices. Que tu vida no sea como la de los demás.

Y camina natural, sin ir anunciando que eres un hacker.

La comunidad adecuada te reconocerá. Verás.