Lo que significa emprender

Tardé una década en entender esto.

Bien. Estudiaste ingeniería, medicina, leyes, algo complejo en ese estilo. Eres inteligente y te ha ido bien en tu profesión. El problema que más he encontrado a través de años de lidiar con muchos de estos especialistas es que creen que su inteligencia automáticamente los habilita para construir empresas. Saber de negocios es igual de complejo que las ecuaciones que aprendiste en la universidad, o los tratamientos que tuviste que memorizar en tu residencia o los juicios que te desvelaron en tus prácticas. No es fácil. No esperarías de forma realista que alguien fuera fantástico en ingeniería, medicina o leyes simplemente por seis meses de leer blogs, escuchar podcasts, seguir influencers y asistir a eventos. Sin embargo, de alguna tonta manera, la mayoría de las personas creen que lanzarse a emprender es algo accesible, que no involucra mayor ciencia. Después de todo, hay muchas revistas y programas con casos de éxito, ¿por qué yo no podría ser uno de ellos?

Emprender es extremadamente complejo.

Si tan sólo leer esto te desmotiva, ocupa esa sensación para valorar objetivamente el primer punto de este ensayo: no tienes lo que se requiere. Si te quiebras fácilmente, emprender no es la ruta óptima para ti.

Te quiero, querida lectora, querido lector. Pero no te meterías a estudiar ingeniería en la universidad si no tuvieras una inclinación a las matemáticas. Tampoco soñarías con ser médico si no tuvieras mentalidad y estómago fuerte para tratar con enfermedades y pacientes. Mucho menos te enlistarías en la carrera de abogado siendo alguien que huye de la fuerte fricción humana que naturalmente este trabajo conlleva. ¿Por qué crees que puedes ser emprendedor si todo te da pena? ¿Por qué crees que puedes ser emprendedor si leer los libros de los tipos que han tenido éxito en esto te da pereza?

El fantasioso paquete de notas mentales que la mayoría tiene sobre lo que significa emprender:

• La idea es lo más importante, hay que ser original.

• El marketing lo hacemos en redes sociales y listo.

• Excel muestra que en seis meses recuperamos la inversión.

• Necesitamos contratar a tres personas para empezar.

• Registrar el nombre de la marca es vital.

• Con mis ahorros es suficiente para el inicio.

• Invito a gente en mi círculo a que se asocien conmigo.

Estas frases son humo, en realidad.


«La idea es lo más importante, hay que ser original».

Velo así: no tomarías en serio ideas para tu trabajo de ingeniero, médico o abogado por parte de personas que no tienen un trasfondo sólido y comprobado en tu área. ¿Por qué pones tanta atención a tus amigos en el bar cuando te dicen cómo se hacen las cosas en la arena del emprendimiento si jamás han renunciado a su trabajo para lanzar una compañía? ¿Por qué crees en todo lo que te dicen influencers que cada día ponen títulos más extremos en sus videos para conseguir tu atención y jamás han construido una organización? Hablar, escribir, grabar videos, hacer podcasts, todo eso es relativamente sencillo. Construir prototipos, programar, contratar, hacer papeleo, pagar nóminas, lidiar con proveedores, socios, clientes, agencias de gobierno, monitorear los KPIs, comunicar asertivamente tu visión, todo esto es lo que importa, la ejecución es la clave. Lo es porque requiere esfuerzo, disciplina y sobre todo, porque es aburrida. Generar ideas es sexy, es lo que se ve con glamour en las películas, es donde posamos mamones para la foto del Instagram. La parte de la ejecución es la que aceleran, es donde te resumen siete años de trabajo en diez minutos de sufrimiento del protagonista. Construir algo bien es aburrido y frustrante.


«El marketing lo hacemos en redes sociales y listo».

Lo que creas que sabes de marketing probablemente está desactualizado o sea ineficiente. Esto es como ser teórico del gimnasio. Hay una diferencia enorme entre entender la biomecánica de tu cuerpo y levantar peso de manera inteligente varias veces a la semana. ¿Todos esos «expertos» que conoces que crees que te pueden ayudar con el marketing pero que no tienen más que a familiares y amigos como seguidores en sus propias cuentas? Están aprendiendo igual que tú. Nada más que a diferencia tuya, ellos se la creen y venden su tiempo a cambio de que les patrocines su entrenamiento. No está mal. Nada más entiéndelo. Esto de tener conversaciones poderosas con el mercado —mi definición de marketing— es tan complejo de dominar que en Google, Facebook y empresas globales de ese estilo contratan a físicos y científicos computacionales para abordar el asunto.


«Excel muestra que en seis meses recuperamos la inversión».

No sabes hacer cálculos de negocios, aunque tengas un posgrado en finanzas. Y esto es porque si nunca has estado sometido a las fuerzas del factor humano y las ambivalencias de la economía, estás dejando fuera puntos que más adelante van a regresar a darte puñetazos monetarios y emocionales para que entiendas que no son estáticos, que son bastante dinámicos y que los tienes que tener en cuenta, bitch. En Excel, todos somos millonarios rápidamente. Si un amigo te presenta una idea y te dice que ya checó los números en una hoja de cálculo, no te dejes impresionar como pupilo de jardín de niños.


«Necesitamos contratar a tres personas para empezar».

Necesitas primero desarrollar la mentalidad minimalista. Es fácil pensar en todo lo que necesitas. Y si a esas vamos, también requieres una Aeron para tu máxima comodidad, un multi-display digital que abarque toda una pared para revisar tus números a diario, un automóvil del año con el logo corporativo para dar una apariencia profesional y una oficina muy bien ubicada para sentirte chingón como los videos de los influencers que no saben hacer realmente otra cosa más que lucir bien en su canal. Te lo repito: determinar lo que necesitas es juego de niños. Hacer una lista detallada de todo lo que te hace falta no te convierte en un pro. Lo que te hace pro es conseguir avances sustanciales con la menor cantidad posible de recursos y mantenerte en ese ritmo de pensamiento de forma constante.


«Registrar el nombre de la marca es vital».

No pierdas meses de tu vida jugando el juego de lo que te dicta una revista de negocios de supermercado o un «experto» en esto de registro de marcas. Te venden la idea de que si no la registras, alguien más la va a copiar sin problemas cuando seas exitoso. Fantástico. Primero sé exitoso. Haz dinero. Pon pan genial en la mesa. Tienes todo en contra para llegar ahí: falta de experiencia, falta de recursos, falta de mentalidad, falta de ejecución. Si superas todo esto con disciplina, enfoque, estudio, apertura a ideas, verás que pasas al otro lado del emprendimiento, aquel donde ya te puedes preocupar por cosas como ésta. ¿Registrar tu marca en los primeros meses de tu lanzamiento te da alguna verdadera ventaja competitiva? Entendiendo ventaja competitiva como ventas, capturar más clientes, desarrollar un método más rápido y barato de tus operaciones, etcétera. ¿Sabes? Registrar la marca es de esas cosas que lucen importantes, que te dan un feeling de que estás avanzando en algo con tu empresa cuando en realidad no es así, estás dejando de hacer otras cosas verdaderamente vitales a cambio de enfocarte en un tema sencillo.


«Con mis ahorros es suficiente para el inicio».

El problema de esto es que hablar así implica un modelo de negocio totalmente vieja escuela que funcionó en algún momento pero que cada vez es menos común. Tu abuelito abrió una tienda de abarrotes con el dinero de su jubilación y con ese capital fue suficiente porque a partir de ahí todo lo que hacía adicional era con las ganancias que obtenía. La mayoría de los negocios actuales requieren inversión continua en diversas etapas para mantenerse, crecer, conquistar más mercado y adquirir activos estratégicos. Si crees que todo eso va a salir de las ganancias que tu hoja de Excel te dice que vas a tener en seis meses, vives totalmente engañado. Necesitas planear para inyectar recursos en varios momentos del desarrollo de tu idea. Sé sofisticado en tu entendimiento de los modelos de negocios. Además —y esto es duro— cuando pones tu primer empresa con tu dinero no estás realmente fundando una compañía, te estás inventando tu propia escuela de marketing, negociación, ventas, operaciones, finanzas y demás. Es una escuela personal bastante costosa y demandante. Una buena regla de oro aquí es que entre más seguro te sientes con respecto a tu capacidad de ejecutar en todas las áreas de tu negocio, menos preparado estás realmente para todo lo que te va a impactar. «Aarón, pero llevé algunos cursos de emprendimiento en la universidad». Soy fan de la experiencia universitaria. Crecí mucho en mi etapa ahí. Es el último espacio social seguro para micro-experimentos extremos personales y como tal, hay que mantenerlo. Pero la universidad no está llena de emprendedores. Y no es que sea algo malo. Lo malo es esperar eso, que nuestros maestros ahí nos puedan empujar de manera efectiva a ese camino, o que nuestros compañeros tengan las capacidades para ello o que el programa de la institución nos dé herramientas reales. Entiende que los maestros universitarios buscan estabilidad laboral. Y eso está bien. Simplemente no tienen los rasguños ni golpes del mundo empresarial real. Y tus compañeros siguen la filosofía tradicional de estudiar para obtener validación académica que les pueda dar oportunidades de ese gran trabajo estable que mamá y papá han taladrado como la piedra angular de su existencia. Y la universidad como institución no puede instalar en ti algo que no promueve en sí misma: la reinvención constante, ingrediente esencial para sobrevivir en el emprendimiento. Si quieres entrenar durante tu momento universitario para ser un gran emprendedor organiza eventos de gran escala, funda clubes, haz excursiones, consigue patrocinadores, invita conferencistas, obtén apoyos a pesar de las barreras burocráticas, convence compañeros para unirse a tus causas.


«Invito a gente en mi círculo a que se asocien conmigo».

Esto es porque conoces a tal persona que es un [cocinero/programador/diseñador/artista] increíble en la empresa donde trabajas. O a tal señorita que estudió administración y tu tía habla muy bien de ella. El problema de hacerlos socios bajo el análisis de lo que hacen actualmente es que no aplicas la lupa de la trayectoria, esto es, hacer el ejercicio objetivo mental de ver en dónde se van a encontrar estas personitas por su propia cuenta en cinco, diez, quince, veinte años. Sé totalmente desapasionado para analizarlos. Ve dónde está y dónde estará la gente con la que más conviven, cómo los está moldeando su entorno, qué los vuelve locos. Un buen indicador de alguien que se va a empujar a nuevos niveles es que se involucra constantemente en cosas raras para su nivel actual. La gente que es promedio en sus acciones diarias no puede dar saltos cuánticos. Verás que la mayoría seguirán en sus mismos empleos o ejecutando las mismas actividades, lo cual no es un pecado, pero lo que requieres en el inicio es gente que de manera natural esté empujándose a sí misma para conquistar niveles ambiciosos. El error más común del emprendedor novato es usar la lente del amor y la amistad, aplicarlo a su círculo y confundir el interés y atención que reciben como si eso fuera señal clara de entusiasmo sostenible y capacidad técnica para construir algo grande juntos.


Te digo todo esto con cariño.

Te digo todo esto con la intención de que juegues mejor el juego. Que no te enamores de Shark Tank y pienses que así es el mundo de los negocios. Shark Tank es un pasatiempo para los inversionistas millonarios que ahí aparecen. Ninguno ha construido su fortuna con inversiones en emprendedores entusiastas que están lanzando sus ideas por primera vez. Han construido lo que tienen siendo tiburones en finanzas, en inversiones, haciendo tratos en grandes niveles, ejecutando disciplinadamente las estrategias que sus papás, amigos y otros maestros consagrados de las escuelas de negocios élite les han dictado en varios casos desde la cuna. Y está bien. Si tienes ventajas, hay que aprovecharlas.

Juega bien el juego. Entiende que lo que te entusiasma superficialmente del emprendimiento es el equivalente de lo que te entusiasma superficialmente del fútbol: no pensarías que por tener la suscripción televisiva de todos los partidos de la gran liga, el jersey de tu equipo favorito y saber las reglas de la FIFA estás capacitado para ser un profesional en esta área.

Considera esto un resumen de diez años de alguien que ha empezado literalmente desde cero. Desde la trinchera de un empleo mal pagado. Desde el punto de la frustración personal. No te digo nada de esto en modo teórico, son cosas que he experimentado y que quisiera haber podido leer de manera clara en mis inicios.

Aunque —siendo honesto— tal vez habría ignorado muchas o todas estas notas.

Mi problema principal fue la falta de calibración de mi ego. El ego es una herramienta importante para emprender. El ego en exceso —como es mi caso— me llevó a más de un gran problema. El ego de «ya sé todo esto», «sí, ya sé», «ya, ya no me lo repitas, sí entiendo», «ellos son tontos y por eso no pudieron» me impidió tomar notas que me habrían evitado más de un enorme dolor de cabeza.

Que tu ego te sirva.

Que seas lo suficientemente sabio para poder calibrarlo.

Eso te deseo.

Y si tienes lo que se necesita para ser emprendedor, genial. Quédate por aquí, que te seguiré dando notas como siempre.

Siempre sé audaz.

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