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Leonardo en Marte

Saltos por la vida

Necesitamos abandonar el estigma tercermundista de preguntar

¿Qué estudiaste? 

porque al hacerlo demostramos una necedad lineal por querer emparejar la respuesta de la persona con su realidad.

Ah, eres contador y la estás haciendo de mecánico. O sea que te equivocaste de carrera.

Ser lineales en nuestro pensamiento nos hace ordinarios. Y necesitamos polímatas, personas que no teman volverse expertos en mecánica automotriz aunque en la universidad hayan estudiado contaduría.

Ser lineales en nuestro pensamiento nos hace ordinarios. Y necesitamos polímatas, personas que no teman volverse expertos en mecánica automotriz aunque en la universidad hayan estudiado contaduría.—Aaron Benitez

Quienes aspiramos a ser polímatas debemos dejar de excusarnos por lo que hayamos estudiado antes y lo que sea que hagamos ahora. En serio. No debemos explicaciones a nadie si decidimos invertir cinco años de nuestra vida en medicina para aterrizar posteriormente en logística portuaria.

Ignoro la definición correcta de fracaso pero dudo que tenga que ver con ir dando saltos por la vida.


Quién determina mis oportunidades

Yo estudié ingeniería electrónica. Antes de eso fui diseñador web. He sido organizador de eventos internacionales. Luego hice estudios de maestría en administración. Enseñé inglés. Me gustan las matemáticas. He fundado una consultoría, una empresa educativa, otra de tecnología, etcétera . A fuerza de tratar de solucionar los problema que durante años me han dado estos esfuerzos me he convertido en una especie de “experto” en ventas B2C, B2B, marketing, negociación, etcétera. Critico libros y escribo. Sé programar.

No estoy diciendo que mi ruta deba ser tu ruta. Para nada.

Estoy diciendo que no debemos temer explorar todas esas diferentes facetas de la vida que llaman nuestra atención.

Me encantan la tecnología, la literatura, el arte, la optimización lean, los negocios, la educación. ¿Por qué debo decidirme por una sola cosa? En serio, ¿quién determina que sólo tengo una oportunidad en la vida para estudiar algo, atinarle a que esa es mi pasión y después dedicarme ciegamente veinte o treinta años a que alguien más me pague por hacer únicamente eso?

Quiero dirigir una película.

Y lo haré. En algún punto de los siguientes años.

Quiero aprender carpintería. También lo haré.

Debemos celebrar a quienes hacen muchas cosas. Debemos aplaudirles, no tenerles lástima.

Tenemos que dejar de pensar pobremente en términos de “ah, se equivocó de carrera”.


Validación de tu alma

Existe un proceso llamado validación. Y como jóvenes en una sociedad bien sistematizada nos hemos vuelto adeptos a esperar a que otras personas nos validen. Que otras personas nos digan que sí, que a sus ojos ya somos lo que sea que anhelamos ser. Esto es receta perfecta para una sociedad crónicamente frustrada.

No eres contador a menos que otros contadores te pongan una estrellita en la frente y te den un papel donde todos estén de acuerdo en decirle al mundo que eres contador. No importa si sabes más que ellos. No importa si ellos están desactualizados. Lo que importa es que ellos en la cumbre deciden quién es parte del gremio y quién no.

Y entonces, en otras áreas que no tienen las reglas del juego tan claras, no sabemos cómo definirnos. No sabemos a quién recurrir para validarnos. Y ni siquiera consideramos la posibilidad de validarnos nosotros mismos diciéndole al mundo que nos hemos sumergido tanto en algo que nos hemos hecho expertos en ello.

Podemos —en otras palabras— validarnos nosotros mismos y darnos cuenta que es más que suficiente.

Podemos —en otras palabras— validarnos nosotros mismos en nuestro arte y técnica y darnos cuenta que es más que suficiente.—Aaron Benitez

A mí nadie me ha dado permiso ni validación para presentarme como escritor.

Tengo un blog. Me gusta escribir. Muchos insistieron en llamarme bloguero. Lo rechacé y lo rechazo. Yo escribo. El medio en que lo hago no me define. Quiero que me defina la actividad.

Así que soy escritor autovalidado.

Pero eso de andar por la vida definiendo una de mis facetas —escritor— con un adjetivo —”autovalidado”— para de algún modo justificarme, sería lo mismo que andar con temor por aquello del famoso “qué van a decir de mí”.

Decidí simplemente informar al mundo que soy escritor.

Aunque decir “autor” me gusta más. Digo, si ya estamos en el tema.

Primero obtén validación de tu alma. Y luego date cuenta que si el mundo te la da o no es irrelevante. Lo que verás es que la obtendrás naturalmente pero no te importará porque será el resultado de tu enfoque en lo que importa y no en lo que digan.


Otro sendero sexy

Esto de auto-validarnos no es una invitación a la anarquía profesional barata. Recuerda que los extremos son malos en cualquier faceta. No estoy diciendo que te declares doctor en medicina por dos semestres de libros en la facultad.

Estoy diciendo que si desde hace más de cinco años pasas todo tu tiempo libre haciendo diseños en Adobe Illustrator mientras que en la universidad estudias química, no temas agregar la etiqueta de creativo a tu cartera de habilidades.

No nacimos para ser doctores, ingenieros, abogados o contadores.

Nacimos siendo seres humanos con enormes capacidades de adaptación y aprendizaje.

La vida no se define en cuatro o cinco años de universidad y treinta de carrera profesional.

Monópatas, les dicen.

La monopatía es una enfermedad curable pero difícil de erradicar conforme pasan los años.

La monopatía crucifica el alma.

Ser eslabón de una cadena productiva realizando la misma actividad por años significa excavar el mismo camino mental una y otra vez hasta quedar en un hoyo tan profundo del cual pensamos que ya no podemos salir.

El enfoque laboral y del conocimiento está bien. El punto no es atacar la especialización. El punto es entender que está ridículamente hipervalorada. Que hay otro sendero sexy que podemos explorar llamado polimatía.

El enfoque laboral y del conocimiento está bien. El punto no es atacar la especialización. El punto es entender que está ridículamente hipervalorada. Que hay otro sendero sexy que podemos explorar llamado polimatía.—Aaron Benitez

Especializarnos es dejar de lado todo lo demás por lograr una profundidad exagerada en un campo de dominio único. No está mal. Pero en nuestra existencia puede haber más que eso.


Más allá de nuestras fotos de comida en Instagram

La revista MIT Technology Review publicó la foto de Buzz Aldrin en portada. Debajo de él la frase

“You Promised Me Mars colonies. Instead, I got Facebook”. 

Facebook está bien. Me gusta. Pero me gustaría más poder hacer turismo en Marte.

No es una locura imaginar al ejército de mentes geniales que trabajan en Sillicon Valley haciendo otras cosas. Que la economía premiara más la trascendencia que el entretenimiento fácil y rápido. Que las grandes mentes buscaran soluciones transgeneracionales de alto impacto para la humanidad.

Estoy seguro que ante la expectativa de impulsar a la humanidad a compartir fotos en Instagram de su comida y quejas en Twitter, Leonardo Da Vinci —como eje central de la polimatía y el ente más representativo del hombre renacentista— hubiese preferido ayudarnos a conquistar Marte al lado de Elon, por ejemplo.

¿En qué estarían enfocados Benjamín Franklin, Goethe, Séneca y otros grandes polímatas de la historia en estos días de internet, computación cuántica e inteligencia artificial? 

Ser “polímata” es una gran oportunidad. Me lo dice el autocorrector de la MacBook Pro que sufre porque no encuentra la palabra y me ofrece alternativas como “polígamo”. Las grandes oportunidades lo son porque no lucen así para todos. Y si el autocorrector no lo reconoce, quiere decir que no es un concepto común y explotado allá afuera. Sal y explótalo.

Actuemos más como Da Vinci y la magia llegará.

Tienes que leer Master of Many Trades.

Y luego tienes que hacer cosas. Muchas cosas.