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La Universidad No Es Para Todos

El pináculo del adoctrinamiento laboral

La palabra universidad está conectada con la palabra universo. Esa fue una buena idea dado que en el origen las universidades eran puntos de encuentro universales para expandir las mentes de los que asistían a ellas.

Hoy en día las universidades que celebran el pensamiento y la filosofía trascendental son muy pocas.

Son tan pocas que por eso son tan notables.

Al hablar de universidades trascendentales en México mencionamos la UNAM, el Tec de Monterrey y aventamos otro par de nombres por ahí. Fuera de eso, la mayoría de las demás instituciones de nivel superior públicas o privadas suelen enfocarse primordialmente a un mismo propósito: adoctrinar gente.

Hoy la universidad es el pináculo del adoctrinamiento laboral.

La avasallante mayoría de personas en este país acude a la universidad con la única finalidad de aprender algo que les permita trabajar en ello por el resto de su vida.

Así pues egresas siendo contador y piensas que eres una persona educada porque estudiaste la universidad.

Egresas siendo ingeniero, abogado o médico y crees que tus estudios de nivel superior significan algo cuando en realidad no.

Este análisis está enfocado en aquel chico universitario promedio de clase media de nuestro país.

Este análisis está enfocado en aquel chico universitario que no va a la universidad a inspirarse para luego escribir un libro y a su vez inspirar a otros. 

Este análisis está enfocado en aquel chico universitario que va a la universidad a competir contra otros o contra sí mismo por un promedio académico con el afán de ganar más dinero al mes al egresar.


Adultos que no son tan adultos

Países como México y otros del tercer mundo son los que resultan cuando tenemos jóvenes pensando obsesivamente en cuánto dinero quieren ganar al mes en lugar de cuánta belleza van a aportar al mundo con sus ideas y proyectos. Somos países donde nos consolamos hablando de “nuestras hermosas y viejas tradiciones” cuando la realidad es que estamos produciendo muy pocas cosas de valor para el resto del mundo. Mi inclinación intelectual me empuja a culpar a la mayoría de nuestras universidades que en su expresión actual resultan ser cárceles de la mente.

Lo peor no es eso. Lo peor es que padres forzamos a hijos a asistir.

Estos hijos creen que son adultos pero no imponen su voluntad y terminan aceptando lo que papá y mamá dictamos cuando podrían decirnos que no sin problema alguno en realidad.

Claro. Piensan que perderían el coche. O tal vez no tengan. Entonces perderían la PlayStation. O el cel. O cualquier otra cosa que los papás usamos estos días como zanahoria para hacer que la carreta ande.

La universidad también funciona actualmente como el último gran resquicio de guardería para los nuevos adultos.

Adultos que en realidad no son tan adultos pero a los que engañamos haciéndoles creer que sí cuando les damos una credencial para votar y les decimos con toda seriedad que ya tienen ciertos derechos que antes no.

Entiende querido joven universitario que ya puedes hacer lo que gustes.

Entiende querido joven universitario que ya puedes hacer lo que gustes.—Aaron Benitez

Te va a dar miedo. Y esto es porque no estás acostumbrado a ejercer tu libertad. Jamás en toda tu vida has hecho libremente lo que has querido hacer. Y ahora tu mente te hace creer que tienes que seguir escuchando a todo el mundo sobre tu educación y tu futuro.


El “éxito” de aprobar bien las materias

Los universitarios en México tienen miedo a fracasar aún cuando en realidad jamás han intentado nada.

No puedes fracasar realmente si por fracasar piensas que reprobar un año escolar o una materia es el fin del mundo. Eso no es fracasar.

No mames.

Tener una métrica tan pobre y ridícula para el fracaso indica que tus aspiraciones tampoco son muy altas. Esto es una liga que tienes que estirar. Si fracasar significa perderlo absolutamente todo, entonces triunfar significa que puedo tener también absolutamente todo.

Pero no, los chicos aún no piensan así. El éxito es aprobar bien las materias y terminar pronto toda la carrera…

(Silencio incómodo)

Los universitarios en México no saben escribir ensayos. Esto es una falta muy grave porque quien no sabe poner por escrito sus ideas en forma ordenada está confesando que tampoco sabe pensar con coherencia.

Los universitarios en México no saben hablar. Esto es otra falta muy grave porque si no sabes hablar, cualquiera con argumentación más clara —aunque no tenga razón— te ganará las discusiones.

Alguien dijo que la universidad es un crimen. Y sí, es un crimen que teniendo a cuarenta alumnos en un salón a todos los hagan leer el mismo libro, cuando cuarenta alumnos diferentes podrían leer cuarenta libros diferentes.

Cuarenta libros diferentes podrían ser muchas ideas nuevas en las jóvenes cabecitas universitarias.

Pero no. Todos con el mismo libro.

Por eso digo que no estamos educando sino adoctrinando. La palabra “educación” como la usamos hoy en día significa simplemente asistir a la escuela. Y asistir a la escuela siguiendo horarios estrictos, órdenes implacables de los profesores y actividades tontas como las tareas, no es educación. Eso es adoctrinamiento.


Personas “educadas”

¿Te digo lo que piensan grandes mentes sobre lo que debería ser la educación?

  • Educación es saber de muchas cosas.
  • Poder recitar tus poemas favoritos.
  • Saber hacer algo artístico con tus manos.
  • Apreciar la belleza del arte.
  • Y la de la naturaleza.
  • Escudriñar ideas en textos de todos los siglos.
  • Escribir sin miedo.
  • Saber de etiqueta en la mesa, en una reunión, en la cama.

No somos personas educadas por el hecho de haber estudiando contaduría.

No somos personas educadas por haber estudiado ingeniería.

No somos personas educadas por haber estudiado cualquier otra cosa.

Seremos personas educadas cuando hablemos de Nietzche. Cuando toquemos Chopin. Cuando viajemos por el mundo. Cuando aprendamos lo que queramos aprender para llevarlo a los niveles más altos y compartirlo sin miedo por todo el mundo.


Si te vas, te vas

Nuestros jóvenes universitarios no hablan con desconocidos.

Al entrar a estos recintos de la mente se compenetran en miniburbujas que los aíslan del potencial que hay en el mundo.

Son jóvenes que tienen el mismo grupo de amigos durante toda la carrera.

Son jóvenes que se acostumbran a hacer lo mismo con las mismas personas.

Son jóvenes que se van a quejar de sus maestros con sus amigos pero que en clase no osan levantar una mano y expresarse. Esa misma tendencia la continuarán en el trabajo, donde todo será malo y se quejarán de ello con los colegas pero jamás dirán nada porque no quieren perder la posición, el sueldo o el bono.

Luego tenemos algunos universitarios que estudiamos en la misma ciudad donde vivimos, perdiendo así la gran oportunidad de salir de casa y llegar a ese extremo de la vida donde realmente uno tiene que pilotear el puto avión ahora sin ayuda.

Cocinar.

Comprar la despensa.

Lavar la ropa.

Tener la disciplina personal suficiente para asistir a clase en lugar de organizar orgías cada noche.

Luego está el universitario que sale de su pueblo pero que espera con ansias la mañana del viernes para regresar con ansiedad. Son esos chicos que en cuatro años en una ciudad diferente sólo conocen su vecindario, los caminos de la universidad y poco más. Aventurarse o quedarse los fines de semana resulta impensable, pues al regresar religiosamente a casa cada fin de semana mantienen el cordón umbilical vivo.

Hijo: si te vas, te vas.

Cuando entramos a la universidad somos tontines. Cuando salimos somos zombies.

Por las horas de adoctrinamiento.

Por las horas de clases, que suelen ser tiempo mal perdido en faenas que no inspiran ni al que la imparte ni a los que lo escuchamos.

No es un orgullo egresar de la universidad promedio. Es una tristeza.

  • Necesitamos doctores en medicina con vocación.
  • Ingenieros civiles con visión.
  • Abogados con pasión.

Claro que necesitamos que algún tipo de institución produzca todo eso. Pero poner a la universidad como la cima de la realización personal es una tontería.


Invertir en el pasaporte

La universidad no es para todos.

Más lento. Con calma. Repetimos juntos: la universidad no es para todos.

No lo es para esa bailarina de ballet que llevas dentro.

No lo es para ese futbolista profesional que estás matando cada vez que te sientas en el salón de clases.

Antes que invertir en la “educación” universitaria, los padres deberíamos invertir en el pasaporte y boletos de avión de nuestros hijos.

Que los chicos mexicanos viajen a República Checa y hablen con una guapa mesera de un café pueblerino. Que vean que no se pueden dar a entender en Heathrow porque su inglés es pésimo. Que vean que no saben una chingada de historia universal cuando anden en Rusia. Que al llegar a Corea vean que no tienen ni idea de cómo adaptarse a una cultura diferente.

Enviar ciegamente a los chicos a la escuela es la forma más cómoda de negar la responsabilidad que como padres tenemos de inspirarlos y otorgarle belleza a todos sus sentidos.

Enviar ciegamente a los chicos a la escuela es la forma más cómoda de negar la responsabilidad que como padres tenemos de inspirarlos y otorgarle belleza a todos sus sentidos.—Aaron Benitez

Podemos cambiar. En serio que sí.

Pero tenemos que salirnos de la burbuja en que vivimos.

Tenemos que apagar la pinche televisión.

Dejar de preocuparnos por la Champions como si fuera algo vital.

Buscar los libros de y sobre los cabrones dignos de admirar y leerlos.

Luego comprar los libros que esos cabrones han leído a su vez y leerlos también.

Luego ir al café y cambiar la plática. Dejar de hablar del nuevo ligue de tu mejor amigo y hablar de ideas.

Dejar de ir al antro a estar parado consumiendo botellas y soñando que vas a ligar cuando en realidad luces mal ahí como bobo.

Y usar el dinero que así se nos va en conocer el mundo.

Aprender idiomas. Aprender otras culturas.

Conectar.

Poner al mínimo el ruido del mundo que te dice las mismas cosas de siempre y escuchar otros canales. Negociar la realidad.

Los tipos más chingones del mundo en cualquier ámbito están escribiendo blogs. Puedes acceder a sus pensamientos en vivo y en directo. Casi en tiempo real.

Deja de ver noticias. Deja de consumir periódicos. Todos esos medios tienen un editor, un patrocinador, un redactor y todos ellos funcionan como filtro. El mensaje que te llega nunca es completo ni es tan inspirador.

Si admiras a Bill Gates, lee directamente su blog.

Si admiras a algún chef, igual.

A una modelo.

A un presidente.

Los filtros van desapareciendo. Y si tú aún insistes en tenerlos como parte de tu vida, estás perdiendo un gran acceso a pensamientos revolucionarios.

La universidad promedio en México está produciendo únicamente gorditos profesionistas cocacoleros que comen taquitos y van al antro como parte de una vida típica.

Tú y yo venimos a trascender.

La universidad promedio en México está produciendo únicamente gorditos profesionistas cocacoleros que comen taquitos y van al antro como parte de una vida típica. Tú y yo venimos a trascender.—Aaron Benitez