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La Danza de los Próximos Cuarenta y Tres

Mierda de caballo.

Disculpa lo grosero y anti estético de la imagen, pero hubieron congresos científicos serios y constantes para encontrar soluciones al problema de la m. de c. por allá de finales de mil ochocientos y principios de mil novecientos.

Las ciudades enormes apestaban como tú y yo no lo podemos imaginar. Y aunque tengas la experiencia de una falla en el drenaje cerca de tu casa y así, no se puede comparar a la suma de eso más la pestilencia de los caballos y en general a la pobre higiene de la población porque, bueno, así eran las cosas.

El problema de la m. de c. nos puede parecer tonto en este año y época, porque ni lo sufrimos ni usamos carruajes para transportación ni es parte de nuestro contexto social moderno. Pero fue un problema. Y uno muy grande. Gracias a Ford y a la industria del petróleo, el problema desapareció en dos patadas, justo como muchas otras cosas que creemos que serán permanentes.

El punto de hoy es que muchas cosas que damos por hecho en nuestro modus vivendi serán ridículas, mínimas o inexistentes no en cien años, sino en diez, en veinte, en treinta. Muchas ya lo son, pero como dice William Gibson, el futuro ya está aquí, sólo que no se encuentra ampliamente distribuido.

El punto de hoy es que muchas cosas que damos por hecho en nuestro modus vivendi serán ridículas, mínimas o inexistentes no en cien años, sino en diez, en veinte, en treinta. Muchas ya lo son, pero como dice William Gibson, el futuro ya está aquí, sólo que no se encuentra ampliamente distribuido.—Aaron Benitez

Ve al campus de robótica del MIT o a Silicon Valley, a una universidad en San Peterbursgo o a un evento en Tokio y verás a lo que me refiero. Si no quieres viajar, lee a Neal Stephenson, a Gibson, la Wired o la MIT Technology Review.

De nuevo, piensa, ¿cuál es la m. de c. que vemos tan normal hoy en día que ni siquiera consideramos la posibilidad de que algo vendrá a quitarlo de nuestro escenario cultural? ¿Cuáles son los pasos de baile que hoy vemos ridículos? ¿Cuál será la danza social de los próximos cuarenta y tres años?


El nuevo ritmo de la normalidad.

Estar sentados en la oficina. Esa es otra de las cosas que hoy se ven normales y que serán fuertemente penalizadas dentro de unos años. Estar sentado mucho tiempo no, NO, N-o, n-O, nopi, nein, no es bueno. Punto. No lo digo yo. Nos lo dicen las tendencias, las investigaciones, nuestros p dolores de espalda crónicos y ese cansancio al final de un día en que no hicimos mucho esfuerzo físico.

¿Recuerdas el asbesto? Era la práctica más común tener tinacos de este material para almacenar el agua de una casa. Mantenía fresco al líquido a la vez que nos provocaba cáncer. Pero imagínate en una conversación con una familia en los sesenta explicándoles que el asbesto es terrible y que lo vamos a desaparecer en poco tiempo porque unos estudios y tendencias demuestran que nos está jodiendo sistemáticamente. No te lo iban a creer. No podrían, porque su realidad está marcada por lo que todos los demás hacen y creen. Y todo el mundo usa asbesto y todo el mundo cree que así es el asunto y listo.

Así es, justo como con el asbesto, el estar sentados todo el tiempo nos está jodiendo sistemáticamente.

Cuando no podemos concebir algo es porque es muy estúpido, muy ridículo o muy avanzado para nuestro intelecto. Estoy dispuesto a apostar que lo que te digo tiene el potencial de ser muy ridículo, pero lo que sí te aseguro es que no es muy estúpido. No te haría perder tu tiempo ingresando ideas así a tu sistema operativo personal, querida PAD.

¿Más? El ruido. El ruido es un gran problema. Así como fumar en la oficina era práctica estándar todavía en los ochentas, el ruido será combatido con furia en las siguientes décadas. Necesitamos tranquilidad mental. Necesitamos espacio en el p cráneo para dejar que las ideas reboten.

Atacaremos el ruido como atacamos el cigarro hoy en día: con carteles, anuncios, áreas designadas y ostracismo para quien lo prefiera.

La tecnología. La tecnología. Este texto lo dictaré desde mi mente, mi carísimo asistente virtual lo comparará con mi historial de redacción y lo compondrá en un tono que me hará lucir bien a la vez que mantiene mi esencia, ahorrándome teclazos, edición y revisión. Gracias, querida Samantha.

La tecnología será realmente avanzada. Hoy en día no lo es, por mucho que desees sentirlo así. Nuestros drones son en su mayoría estúpidos. Tu smartphone necesita en su mayoría que hagas clic aquí y allá, táctil y todo lo que quieras, pero en esencia de la misma manera que lo hemos venido haciendo con todos los dispositivos que hemos inventado desde hace más de un siglo: con tus dedos. La MacBook Pro en la cual estoy escribiendo este texto no tiene mucha diferencia en su diseño con una PC de los ochenta: un puntero y un teclado. Aparte, dime por favor, comparado con los mensajes en piedras que nos han dejado civilizaciones de miles de años atrás, ¿crees que la nube de internet o los archivos que guardas hoy en día van a sobrevivir esa eternidad? Es ridículo pensarlo. Te lo digo, cuando lo ponemos en perspectiva, grabar algo sobre piedra es tecnológicamente más avanzado que escribirlo en tu iPad, por el simple hecho de que guerras vendrán y tu información sobrevivirá.

Sacrilegio, viniendo de alguien con estudios de ingeniería y emoción por el desarrollo de la tecnología. Pero es verdad. La verdadera magia de los chips y códigos apenas viene. Apenas. En serio. Será el resultado de la computación cuántica + inteligencia artificial.

Esta magia ocurrirá porque la inteligencia artificial ya abandona – ¡por fin! – el nicho de las hiperdecepciones, que al igual que la realidad virtual lleva más de dos décadas prometiendo cosas geniales que nada más no llegan. Ahora sí veremos los resultados de forma exponencial en nuestra vida diaria. Pláticas sinceras con nuestro p refrigerador. Consejos ultrapersonalizados e inteligentes de nuestro reloj. Y demás. El mundo distópico retratado en Terminator y demás películas de ciencia ficción futurista catastrófica nos estorba para abrazar mentalmente bien una tecnología que esencialmente es como siempre ha sido: ni buena ni mala. Pregúntale a los martillos que clavan y a los martillos que asesinan. Ellos existen. Nosotros los definimos.

No he matado a nadie con un martillo. No sé. Y tampoco conozco a nadie que haya sido acusado de ello. Pero es posible. Una sociedad floja es paranoica. Y si nuestro primer impulso es preocuparnos por la privacidad, la seguridad y todas las contras de por qué no será bueno hablar con nuestros refrigeradores sobre nuestra vida sentimental y escuchar atentamente a nuestros relojes sobre lo que es mejor para nuestra salud, eso nos indica fielmente en qué estado de preparación emocional-intelectual nos encontramos para lo que en el mundo será normal.

Tú eliges. Tú siempre eliges. Aferrarte a la idea de la presencia permanente de la m. de c. o abrazar lo que tienes que abrazar: el hecho de que lo que nos resulta normal va a desaparecer.

Lo normal siempre es normal por un tiempo y desaparece.

La navidad como hoy la celebramos no era normal hace dos siglos.

La familia nuclear con papá en la oficina y mamá solamente en casa va desapareciendo.

Antes “lo normal” duraba siglos. Luego décadas. Ahora dura unos años.

¿Tienes la capacidad de adaptarte a “la normalidad” a este ritmo?


Aquello que dejará de ser parte de nuestro mundo.

Pienso en lo ridículo que nos resulta creer en la necesidad de existir de una agencia de gobierno norteamericana dedicada en cuerpo y alma a atacar el consumo y contrabando del alcohol a principios del siglo pasado. Una tontería cuando hoy es tan socialmente aceptado ir a comprar alcohol para convivir con los amigos, regalarlo en un cumpleaños y usarlo para celebrar momentos especiales. Atacar el asunto fue una verdadera tontería. Y es la misma tontería exactamente a la de hoy en día que llamamos “guerra antidrogas”.

Las drogas van a ser libres. Deben serlo. Nadie puede parar esto. Y si con esta aseveración te imaginas a una sociedad decadente porque las tachas, el crack, la heroína, la cocaína y la marihuana andan sueltas y libres por el mundo, no sé en dónde has vivido los últimos cincuenta años con el whisky, vodka, la cerveza y los cócteles igual de libres por ahí.

Necesitamos – tristemente – siempre un enemigo al cual destinar enormes recursos para ventilar nuestras frustraciones como sociedad. Y ese enemigo se ha llamado alcohol, luego drogas y cigarros. ¿Dónde está la línea objetiva que en unos lados dice que ciertas drogas sí podrían ser legales y otras no? No la hay. Son criterios. Y son criterios que van cambiando. Y van a cambiar. Y lejos de tronarte los dedos por la “corrupción” de esta sociedad – Dios mío – aprende a ver que la división que hemos hecho de las cosas “aceptables” y las que hemos condenado SIEMPRE ha sido tontamente artificial. Siempre.

Un mundo lleno de drogas será un mundo diferente. Pero no tiene por qué ser malo. A menos que vivas desenfocado todo el tiempo. Y estar desenfocado, aun si te pusieran en medio del renacimiento al lado de Da Vinci, harías tonterías de por sí.

Es que no eres tú, soy yo, decimos por ahí.

No es la sociedad. En serio, eres tú.

La DEA va a desaparecer y vamos a establecer como futuro enemigo de la humanidad a —adivina—, así es: el azúcar.

El azúcar será tan mal vista como hoy lo son las drogas.

El azúcar será tan mal vista como hoy lo son las drogas.—Aaron Benitez

El cerebro se excita igual con azúcar que con heroína. Es un estado de trance increíble. Es una adicción. Mark my words:

  • La Agencia Anti Azúcar será la institución.
  • El Zar del Azúcar será la noticia.

Conducir. Conducir será de esas actividades como tejer lo es hoy en día: sólo lo hace la gente de generaciones ya pasadas de su primetime y ni siquiera todos ellos. Saber conducir un automóvil será irrelevante, anacrónico y poco práctico. No mañana. No en dos días. La m. de c. no desapareció en tres meses, pero sí en la misma generación.

Tu crédito. No habrá forma de tener separado tu crédito financiero de tu crédito social. Tus redes, tus llamadas, tus viajes, todo eso determinará el coeficiente de confianza que cualquiera – una institución, una persona – puede depositar en ti. Esto ya ocurre en China. Predecir nuestro comportamiento económico basado en un historial será tan “práctico” como hoy lo es viajar de un continente a otro en barco. Sigue siendo posible, hay quien lo hace, pero casi nadie lo prefiere. Deja de entrenarte en opinar de cosas irrelevantes todo el tiempo en Twitter y Facebook. Deja de publicar tonterías que no abonan en nada a tu futuro yo. Sé un curador de clase mundial del contenido que definirá tu legado en bits y bytes para tus bisnietos.

La forma en que abordaremos el aprendizaje de idiomas será no abordando el aprendizaje de idiomas y sí adquiriendo módulos de inteligencia artificial que resuelvan nuestros problemas de comunicación. No será para todos, ni será rápido, ni será perfecto. Pero será algo que aún no vemos y será algo disponible para muchos. No será barato. No será universal. No será mágico. Las personas más acomodadas podrán comprar lo mejor —como siempre, eso no dejará de ser así— pero así como el chico pobre que anda en bicicleta trae un smartphone económico en su bolsillo y gente con escasos recursos tiene televisión en su choza, este tipo de soluciones cibernéticas exóticas serán pan nuestro de cada día.

Son muchas las cosas de nuestro mundo que dejarán de ser parte de nuestro mundo.

Primero porque ya no será nuestro mundo, sino de los niños de Minecraft de hoy.

Segundo porque nuestra mente no querrá adoptar —tontamente— muchas de esas ideas porque lloraremos —tontamente— como siempre lo hacemos pensando que “antes” las cosas eran mejores.

La añoranza y la paranoia son para sociedades lentas, obstinadas en no evolucionar, en no crecer, en no ver más allá.

La añoranza y la paranoia son para sociedades lentas, obstinadas en no evolucionar, en no crecer, en no ver más allá.—Aaron Benitez

Tal vez fue lo que ocurrió con los mayas, con los toltecas y con todas esas grandes civilizaciones avanzadas tecnológicamente que un buen día nadie supo cómo demonios desaparecieron.

Te propongo un nombre nuevo para algo a lo que tú y yo estamos muy acostumbrados. En lugar de “la escuela” como nos referimos a la tradicional institución de hoy en día, mejor llamémosla como un científico social del futuro podría referirse a ella: la “escuela de la memorización de las cosas” (EMC).

La EMC será una reliquia barata que cualquiera podrá pagar en el futuro pero en la que casi nadie tendrá interés. La EMC con su horario fijo y currículum inflexible será motivo de sorna en los estudios de la evolución educativa del mundo. La educación predominante de hoy no será vista con buenos ojos en las siguientes décadas por la simple razón de que estamos mal, estamos haciendo las cosas muy mal en ese rubro. Los griegos solían pasar casi todo el día al aire libre. Y los griegos creían que el cuerpo y la mente eran la misma cosa. Y que estar bien en uno pero no en otro era una cuestión que simplemente no encajaba bien. Y aquí estoy, hablando de los griegos y siendo fuertemente influenciado por ellos y su filosofía. Alguien en dos mil años hablará de nuestra época y generación así: Oh sí, los (aquí el nombre que nos quieran dar) tenían a sus hijos encerrados en edificios para que aprobaran exámenes escritos. Es casi imposible de imaginar que digan esa frase en un sentido de admiración.

La industria del petróleo no va a desaparecer. Estas cosas no desaparecen. Pero se va a reducir como el jeque árabe más rico jamás en su vida lo creyó posible. Los trabajos exorbitantemente bien pagados en esas compañías van a ser cada vez menos. El petróleo no se va a acabar. De hecho, no se está acabando. Le está ocurriendo algo peor: se está volviendo más barato. And there’s no turning back in that regard. Cuando algo deja de ser ostentoso en lo económico y se convierte en un punto de beneficios típicos, los grandes capitales comienzan a verlo con ojos menos favorables y a moverse hacia lo siguiente que te permita construir imperios rápidos.


Lo que el futuro aplaudirá.

No me creas.

Tal vez todo esto que te digo es ridículo. Muy ridículo.

Pero apuesto contigo lo que quieras a que no es muy estúpido.

No lo es.

Adaptación emocional rápida.

Genuina flexibilidad mental.

Y dejar de pensar que pisar m. de c. debe ser siempre lo normal.

Tú y yo comencemos a bailar de la forma en que el futuro lo aplaudirá.

Dedicado a Sol, en su cumpleaños.