Están ahí, libres

Más allá de las habilidades técnicas.

Mi hijo mayor me informó que su bicicleta requería varias reparaciones. La subimos al auto y fuimos al taller. En el trayecto, aproveché para pedirle que viera un video que compartí el otro día en internet. Es un grupo de estudiantes de posgrado de Stanford. Como parte de su clase de comunicación, tienen que presentar asertivamente un tema. En este caso analizaban las mejores prácticas para exponer. Son unos quince minutos de explicaciones sencillas y agradables. Al terminar, mi hijo me dio un resumen de lo que había entendido.

Le expliqué que el error de muchos especialistas es creer que lo más importante para tener éxito en la empresa es saber mucho de su tema. Aplican una especie de lógica ingenua donde si eres el que sabe más de medicina, contabilidad o ingeniería, te va a ir mejor que a los demás. Durante cierto tiempo, no es nuestra culpa pensar así: hemos sido entrenados por casi dos décadas a igualar nuestro potencial valor profesional con nuestra inteligencia académica.

Le platiqué varios ejemplos personales y de gente conocida que nos sentimos frustrados cuando vemos a otros progresar rápido en la corporación a pesar de que no son tan brillantes ni tan buenos trabajadores en los términos comunes de puntualidad y responsabilidad.

La parte técnica es importante, le dije. Lo que te va a hacer avanzar más rápido y mejor es jugar bien el juego. Entiende que este tipo de cosas como la que acabas de ver en el video —presentar, exponer, comunicar bien— es la clave para destacar. ¿De qué te sirve ser muy bueno en lo técnico pero cuando te pones al frente para explicar algo sigues tartamudeando, sudando y leyendo la diapositiva como si estuvieras en primaria? ¿Todavía metes tus manos a los bolsillos? ¿Ignoras que hay zonas ideales donde pararte frente a la audiencia? ¿Desconoces lo que el lenguaje corporal de los asistentes te está diciendo?

Piénsalo así: Stanford es una de las universidades élite del planeta. E invierten mucho tiempo con sus alumnos para dominar este tipo de actividades que otros desdeñamos porque estamos atascados en una mentalidad tercermundista donde creemos que lo importante es el conocimiento, la memorización, la calificación del examen.

Compartí con él mi experiencia universitaria en una institución pública. Ahí no me enseñaron nada de esto de lenguaje corporal. Mucho menos tuvimos sesiones para saber ponernos frente a un grupo o adquirir liderazgo en proyectos. Todo estaba diseñado para hacernos pensar que lo técnico, las fórmulas, el almacenamiento de datos en nuestro cerebro eran la clave del éxito.

Si puedes ser genial en lo técnico y al mismo tiempo en áreas como la comunicación, fantástico. El mundo es tuyo.

Si no eres genial en lo técnico, sé promedio y listo. Tranquila. Tranquilo. Para compensar, pon bastante determinación en dominar a nivel genial las habilidades blandas que estamos discutiendo hoy aquí tú y yo.

Yo ni siquiera soy promedio en lo técnico. No es falsa modestia. Espero esto te sirva de algo.

Las grandes universidades enseñan a sus clientes cómo negociar un salario, cómo vestir, cómo hablar, cómo comportarte en un entorno internacional. Si no recibiste esta educación, te va a tocar solucionar esta desventaja como a mí: internalizando su alta importancia primero y después ejecutando constantemente para no quedarte tan rezagado.

Habla bien.

Presenta bien.

Párate bien.

Vístete adecuadamente.

Escribe bien.

La clase que le compartí a mi hijo está disponible gratuitamente en YouTube, justo como otras cientos por parte de Harvard, Yale, MIT y demás instituciones de prestigio. Realmente no hay ya mucha desventaja entre el acceso que unos y otros tienen a ciertos temas. La brecha entre la élite y los que no estamos ahí viene en formato de consciencia, de interés, de disciplina emocional y enfoque intelectual. Nos suele faltar todo lo anterior para meternos en el canal de notas que sí nos aportan. Los cursos están ahí, libres, pero la emoción, estrategia y visión de muchos de nosotros no.

El presidente, el partido de fútbol, el concierto y el escándalo del influencer de moda no importan. Siéntete orgulloso si haces todo eso a un lado y te puedes declarar honestamente ignorante de lo que ocurre hoy en ese mundo. Con ese nuevo espacio mental desocupado, tienes oportunidades increíbles para agregarle temas que sí te van a dar ventaja sostenible.

Agrega lo que importa a tu cartera personal de habilidades.

Ya.

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