ASÍ QUE QUIERES EMPRENDER

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Emprender es hacer cosas.

Emprender no es hacer negocios. Es hacer cosas. Y si jamás te ha gustado ponerte al frente de un grupo en la escuela, organizar una excursión, vender boletos de una lotería, coordinar una reunión familiar, planear un viaje de dos semanas para ti y tu grupo de amigos al otro lado del mundo, si todo ese tipo de cosas te causan cansancio nada más de pensarlas, hazte un favor y no emprendas. No te gusta hacer cosas, por lo tanto no serás un buen emprendedor.

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Esto es una profesión.

No todos podemos ser buenos emprendedores. Esto es una profesión. Justo como ser médico. No todos tenemos la inclinación ni las habilidades naturales para ello. Yo no podría ser un buen doctor porque no me gusta la sangre ni tocar a extraños. Y está bien. No pasa nada. Simplemente debo aceptar que no tengo el perfil. Un buen emprendedor requiere ser una persona optimista, audaz, proactiva, estudiosa, analítica, empática. Analízate. Sé honesto contigo mismo.

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La edad no importa.

Para fracasar y tener éxito en los negocios la edad no importa. En serio. Puedes ser el tipo más genial a los veintes o el más nefasto a los cincuenta con experiencia. Quítate la tonta idea de “estoy muy joven”. Eso lo dices cuando te conviene. Cuando quieres tener sexo, emborracharte y consumir cosas ilegales no andas por la vida diciendo “no, no puedo porque estoy muy joven”. Lo haces o no, pero no metes tu edad en la ecuación. Emprender es lo mismo. Bill Gates, Elon Musk, Steve Jobs, Mark Zuckerberg comenzaron “jóvenes” (entre los dieciocho y veintidós años) a hacer lo que tenían que hacer. Deja de escudarte en ideas anacrónicas que no son ciertas. “Aaron, ¿y qué hay de las personas mayores? ¿pueden emprender con éxito?”. Ahí sí tienes un detalle. No quiero engañarte: adaptarte a los nuevos tiempos es muy complicado. Los jóvenes vienen haciendo cosas geniales en el carril de alta velocidad en bajada. Tú no. Adáptate rápido. Ellos te quieren enseñar cosas. Haz caso. Abandona tu idea de que tu “experiencia” te va a llevar a algún lado diferente del que estás.

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El trabajo “duro” no es la ruta.

Lograr el éxito en el “emprendimiento” no es una cuestión de esfuerzo físico. Es un esfuerzo intelectual, psicológico y emocional. Y muy poca gente se entrena en estas áreas. Quieren agregar más horas a su jornada laboral y desvelarse mucho pensando que “el trabajo duro” les va a dar resultados. Sí. Pero serán mínimos. Piénsalo así: si el trabajo físico duro fuera la ruta para lograr dinero y reconocimiento social, los albañiles y los campesinos serían aplaudidos y recompensados por la sociedad. Sus ocupaciones serían aspiracionales para la mayoría. Y tristemente no es el caso. Lo que hace que tipos como Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckerberg y Elon Musk estén en los niveles en que están es la profundidad con la que se meten a ideas y conceptos elaborados por grandes mentes y que encuentran en libros. Si no lees libros geniales en inglés todo el tiempo, tu nivel de “éxito” en emprendimiento será mínimo o promedio. No podrás aspirar a ser clase mundial. Punto.

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Invierte en personas.

Si lo que realmente quieres es independencia financiera, emprender no es el método más rápido ni preciso. De hecho, “emprender” se convierte en un curso disfrazado de aprendizaje acelerado que te estás pagando a ti mismo con tus ahorros. Y obviamente, la tasa de fracaso es enorme por todas las cosas que no sabes y que sí deberías dominar para tener “éxito” a nivel empresarial.

  • Leer la biografía de Steve Jobs,
  • ver The Social Network,
  • suscribirse a revistas
  • y asistir a eventos de networking

no te hacen un experto en negocios. De hecho, te dan una confianza engañosa. Es como ir a la iglesia y pensar que eso te pone más cerca de Dios.

Aprende a invertir. Pon dinero en varias cosas. En tu amiga que organiza eventos masivos. En tu amigo que vende maquinaria a una industria fuerte. Invierte en personas, no en ideas. Invierte en cosas en las que tú no tengas que ser parte de la ecuación. Caray, si quieres hasta puedes invertir conmigo. Y si no tienes confianza conmigo, está bien. Muy válido. Pero aprende a poner dinero en personas geniales, no en ideas —ajá— “geniales”.

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Eres un vendedor de bajo nivel.

No te metas a cuestiones de multinivel o network marketing y pienses que eres empresario o emprendedor. Eres un vendedor que se encarga de reclutar más gente para alimentar un sistema que se preocupa más por tener mayor cantidad de miembros en lugar de vender los servicios o productos que dice que son fantásticos. Eso no es sostenible para ti que estás en los niveles bajos de la compañía. La única persona que está en niveles altos de este asunto es el que ocupa el micrófono más tiempo en estos eventos.

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No dejes tu empleo si te encanta.

Hay una tonta fiebre por esta moda de ser “emprendedor” y muchas personas geniales que trabajan en lugares geniales se sienten mal por no ser emprendedores. Esto es un error. ¿Por qué debes dejar tu trabajo si te encanta, te pagan muy bien y crees genuinamente en la misión de la empresa? Aun dentro de una compañía puedes ser un emprendedor. Aprende a invertir en personas, insisto, no en ideas. Y sigue trabajando sin que el ruido del mundo te presione con esto de emprender. Sé un intrapreneur y luego, con toda la gloria bajo tu manto, comienza negociaciones para mejores salarios, prestaciones, horarios y ubicaciones. Las empresas inteligentes lo son porque cuidan a sus activos más valiosos. Conviértete en uno de ellos.

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El interés es el hijo tímido de la pasión.

Otro de los problemas más comunes por los que me consultan es que la gente no tiene una pasión o no sabe cuál es su pasión o no puede encontrar su pasión. No busques a la puta pasión. Ponte a hacer cosas. Explora muchas áreas, todo el tiempo. Piensa que si siempre observas grillos y los agarras y comienzas a leer más de ellos en Wikipedia, eso no es una pasión, es un interés. Y así te vas a dar cuenta que tienes cientos de intereses, pero que si no les inyectas tiempo, dinero y atención a cada uno de ellos, jamás los llevarás al nivel de la pasión. El interés es el hijo tímido de la pasión.

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El mercado es el jefe más implacable.

La razón más tonta para emprender es querer liberarte de tu esdrúpido jefe y tus compañeros de oficina que no toleras. Si realmente crees que la culpa de que te vaya mal en la vida es porque la compañía no te sabe valorar adecuadamente, entonces vas a fracasar espectacularmente en el negocio que quieras iniciar por la simple y sencilla razón de que lo único que en realidad harás es migrar tu drama de bajísimo desempeño de un punto a otro, pero al final seguirá contigo. Tu jefe ya no será el problema, sino tus empleados, tus socios, tus colaboradores. Todo el mundo. Alguien más tendrá la culpa. Y si crees que al no tener jefe serás feliz, permíteme informarte que tu jefe será ahora el mercado. Y el mercado es implacable. Cuando te premia, uf, te lo da todo. Pero cuando no haces lo que tienes que hacer, te castiga sin piedad. Al trabajar para un empresa estás detrás de muchísimos escudos que te protegen de todo ello y por eso culpas a tu jefe. Pero créeme, todos los problemas que tengas en la oficina y que no puedas resolver, todo eso se multiplicará por cien con tu “emprendimiento”.

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 Franquicias sí, pero estilo McDonald’s.

No me gustan las franquicias. Me conozco bien y sé que me encanta tener el control del diseño, marketing, políticas, operación, recursos humanos, finanzas, todo. Una franquicia es todo lo opuesto a eso, es una guía clara establecida por otros sobre cómo debo hacer las cosas para tener “éxito” en su modelo. Y está bien, pero te repito, no va con mi estilo. Si lo que quieres es poner a trabajar tu dinero en este mundo de franquicias, un par de cosas que te recomiendo de corazon: primero, no la administres tú. Si compras una franquicia y tú tienes que coordinar, hacer llamadas, estar al frente, supervisar y reportar, entonces te compraste un empleo. Antes de comprar la franquicia, ten a tu super-administrador, brazo-derecho que hará todo por ti. Págale bien y considéralo parte de tu inversión. Otro punto es que no creo mucho en las franquicias pequeñas. Y aquí tengo que ser honesto: jamás he comprado o administrado alguna, pero apostar a algo que no tiene un gran reconocimiento de mercado a mí me preocuparía. Si vas a invertir en este mundo, hazlo en algo conocido como McDonald’s. Las personas más exitosas que conozco en mis latitudes mexicanas con franquicias ya eran personas de recursos antes de adquirirlas, no pusieron sus únicos ahorros y cruzaron los dedos para ver “si funcionaba” el asunto. Dicho todo esto, te repito, no tengo experiencia directa al respecto, así que haz lo que tienes que hacer.

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No te enamores del nivel “emprendedor”.

Ser emprendedor no es algo de lo que te debas enamorar. Ser empresario es la meta. El concepto “emprendedor” tiene este aire romántico de aquel que quiere cambiar el mundo y demás. Está bien. Es bonito. Pero son los empresarios quienes logran la verdadera influencia en las cosas pues cuentan con el capital, las conexiones y demás. Voy a mencionar de nuevo a Elon Musk, Bill Gates y Steve Jobs: el romanticismo de blogs, películas y libros los listan como “emprendedores” pero no lo son. Lo fueron durante veintisiete segundos nada más. Son empresarios. Businessmen. Hombres corporativos en lo alto de compañías enormes con recursos para generar verdadera influencia. Ninguno de ellos pasó más de dos o tres años como “emprendedor” en el sentido romántico que nos fascina alabar. Yo era emprendedor, pero fue una etapa que decididamente superé rápido porque las grandes oportunidades vienen cuando ya eres empresario. Sé empresario.

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Sistematiza y delega.

Para ser empresario debes saber delegar, tener sistemas automatizados, pensar a largo plazo. El emprendedor raramente hace esto bien. Le gusta hacerse cargo de todo, le encanta improvisar todo el tiempo y siempre está pensando a una o dos horas de distancia, no a quince años en el horizonte.

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No confundas “auto-empleo” con “negocio”.

Muchas personas confunden los términos “negocios”, “empresa” y “emprendimiento”. Un “emprendimiento” es un proyecto. Cualquiera puede tener un “emprendimiento”. Un “negocio” o “empresa” es un sistema que te hace dinero aun si tú no estás en la ecuación. Muy, muy, muy pocas personas tienen un negocio o empresa. Lo que tienen son auto-empleos. En ocasiones, son auto-empleos que te pagan muy buen dinero. Para mí, la métrica de que alguien tiene una “empresa” es cuando todo funciona bien sin su presencia. De lo contrario, no lo considero un “negocio”.

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Aquello que no eres.

Muchas personas me dicen “es que no tengo una idea, no sé qué poner”. No pongas nada. No lances nada. Si no tienes una idea, no tienes algo que te empuje. Y si nada te empuja, no eres emprendedor. Y de nuevo, no te sientas mal al respecto. No tiene nada de malo que en tu sangre no esté el ser emprendedor así como no tiene nada de malo que yo no sea músico o buen ingeniero. Utiliza tu capital para invertir en alguien o algo y deja que esa persona o franquicia te hagan dinero. Me tomó años entender que yo no era astronauta (mi cuerpo y falta de disciplina me lo explicaron a golpes). ¿Te va a tomar también a ti años aceptar algo que todo tu ser te está gritando que no eres? No es desanimarte. Es ponerte en la vía del éxito en aquello que sí eres, no aplaudirte para que sigas en la ruta de la frustración de lo que no es tu esencia.

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No te falta dinero.

Muchas personas me dicen “es que ya tengo una idea pero me hace falta dinero para poder lanzarla”. Yo les digo que no hagan nada, que la verdad no son emprendedores. Si no sabes conseguir dinero en la etapa inicial, no eres emprendedor. Punto. El dinero está ahí:

  • en hipotecar tu casa,
  • vender tu auto
  • pedir prestado,
  • usar tus tarjetas.

Yo sé que los “expertos” te dicen que no hagas eso porque es “arriesgado”. Si no quieres arriesgar nada, no hagas nada. Un gran error es pensar como nuestros abuelos pensaban en la economía de hace ocho décadas atrás donde lo único que se necesitaba era poner un capital inicial para que el negocio comenzara a funcionar y así vivir de las ganancias. No. Esto ya no es así. Necesitas capital para arrancar, sobrevivir, mantenerte y crecer. Necesitas meterle dinero a tu emprendimiento en el principio, a los tres meses, a los seis, a los dos años, a los cinco años. Y si no sabes conseguir dinero, no eres emprendedor. Punto. Esa noción romántica de que “nada más te falta dinero para iniciar” es como creer que para ser futbolista sólo te falta el salario de un profesional y que eso es lo que te hará jugar a un alto nivel. La gente que no sabe conseguir recursos sistemáticamente no debería ser emprendedora, dado que esa es la habilidad número uno para ser parte de la liga de los que hacen cosas trascendentales. Aprende la línea de los chicos Airbnb, que vendieron cereal con la imagen de Obama durante su campaña presidencial para sostener a su empresa. ¿Qué tiene que ver las cajas de cereal con la empresa más grande del mundo especializada en renta de habitaciones? Nada. Pero esos chicos —y muchos otros— saben lo importante de dominar el aspecto de conseguir recursos sistemáticamente.

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La “preparación” no es la maravilla que crees.

Muchas personas me dicen que quieren prepararse más para luego emprender. Eso es —en el 99.9% de los casos— miedo. Son excusas. Es mentira. La preparación no estorba, pero no es la maravilla que crees. Es más aceptable decirle a la sociedad “es que haré una

  • maestría,
  • o un diplomado,
  • o un curso en marketing,
  • o un workshop de finanzas,
  • o una segunda carrera en administración

y ya luego pondré mi negocio”.

Falso. Error. Eso es una manera de alargar las cosas. El que quiere hacer algo, lo hace. El que no, encuentra cosas para justificar su inseguridad con aplausos. “Ah, qué bien que te estás preparando, qué sensato” es un aplauso verbal. Nadie te va a decir “ah, estás posponiendo la ejecución con esta nueva excusa. Tienes miedo”.

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Todo funciona. Todo.

Si usas expresiones como

  • no, en esta economía no se puede hacer nada,
  • no, es que la gente no quiere comprar esto,
  • no, es que voy a pagar mucho de impuestos,
  • no, es que…

estás en el nivel de las personas de bajo desempeño. Los emprendedores geniales hacen cosas geniales y no andan por la vida pensando en el gobierno, la economía, los impuestos o el mercado. Hacen lo que tienen que hacer, empujan, empujan, empujan, taladran, taladran, taladran, insisten, insisten e insisten en lo suyo y obtienen resultados. Pero es más fácil culpar al gobierno, a la escuela, a la familia o al mercado que admitir que uno no tuvo la profundidad intelectual ni la disciplina emocional para hacer que las cosas funcionaran. Toda idea funciona. Es la ejecución lo que hace la diferencia entre una y otra.

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Tu idea no importa.

Deja de pensar que te van a “robar” tu idea y que alguien más se va a hacer millonario con ella. Por favor. Ni que fueras Google. Las ideas no importan. Yo te puedo explicar paso a paso como fundar negocios a nivel internacional en educación y tecnología y eso no significa que vayas a obtener resultados garantizados. La gente de clase mundial como Messi no anda guardando sus ideas. Juegan y muestran todo su potencial al mundo. Y ni tú ni yo podemos ejecutar (jugar) como él. Las personas inseguras lo son en todo y les encanta asumir que el mundo es un arma que apunta permanentemente contra ellos, en lugar de abordar el asunto de la forma en que los verdaderos emprendedores lo hacen: como una catapulta lista para impulsarte si tan sólo se lo permites.

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Adiós a las apps.

Ya no hagas apps. No nos hace falta esa que tienes en mente. Te lo juro. Mira. Hace muy pocos años la expresión era “voy a poner un sitio web de (inserta idea) porque ahí está el dinero”. Hoy es “voy a hacer una app que (haga esto) y con eso haré dinero”. Lo que viene ya a la vuelta de la esquina son los chatbots con más y mejor inteligencia artificial. Si eres programador, enfócate en eso y deja las apps así como dejamos los sitios web rápidamente. Si quieres ser un Mark Zuckerberg, un Elon Musk, un Steve Jobs, un Bill Gates no puedes estar haciendo lo que todos hacen. Tienes que aprender el concepto más importante del éxito empresarial de clase mundial: la anticipación. ¿En qué te estás anticipando?

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La motivación es para amateurs.

Si no haces las cosas porque te falta motivación, si buscas la inspiración todo el tiempo y cuando no la tienes te vienes abajo y te deprimes y dejas de funcionar, entonces no eres un pro. Un pro hace lo que tiene que hacer. La motivación es para amateurs.

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Asociarse es casarse.

Si estás indeciso acerca de si debes asociarte o no con alguien en particular, no lo hagas. Asociarte es casarte pero sin sexo (al menos en teoría). Asociarse está bien. Todos los grandes se han asociado siempre. Yo sólo me asocio bajo uno de los siguientes escenarios:

  1. La persona tiene habilidades de clase mundial en ingeniería, programación o una cuestión técnica deseable para complementar mi visión. La cuestión clave aquí es “clase mundial”, que el individuo está dentro del 1% de gente experta en todo el globo.
  2. La persona tiene recursos sexy para invertir como socio capitalista compartiendo el riesgo sin drenarme emocionalmente en la ejecución (hay dinero muy caro) pidiéndome información cada dos días sobre “cómo vamos”. La cuestión clave aquí es que tenga dinero y entienda el largo plazo de su apuesta.
  3. La persona tiene contactos fantásticos a los que yo no podría llegar directamente: es la esposa de Messi y convive a diario con los demás futbolistas del Barcelona a los que quiero vender automóviles, por ejemplo. La cuestión clave aquí es que la persona pertenezca de manera nativa a ese círculo que te interesa y que tenga su oído y atención para poder presentarte ganadoramente.

Lo siguiente es el consejo menos profesional en términos científicos y sí el más subjetivo en términos metafísicos: asóciate cuando sientas que todo tu ser y tus instintos te gritan que sí. De lo contrario, mejor contrata a esa persona que te podría ayudar en algo. Es mucho más fácil subir a alguien de nivel empleado a socio que bajarlo de nivel socio a solamente trabajador. Ponte en una posición de ventaja naturalmente todo el tiempo.

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Tal vez estoy mal.

Probablemente estoy muy equivocado en todo esto que te digo y en diez años tengo que escribir un libro disculpándome sobre los malos consejos que compartí contigo en este artículo.

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Tal vez no.

O a lo mejor te ahorro algunos años de frustraciones y acelero tu alcance de la plenitud si te permites analizar lo que intento decirte con todas estas líneas.

No compliques tu existencia.

Apaga el ruido del mundo y deja que “eso” que siempre te quiere decir las cosas desde adentro pueda expresarte honestamente lo que piensa de estas notas.

Y a “eso” —cuando te lo diga clarito y directo— a “eso” haz caso. No a mí.

A “eso” haz siempre caso.

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