Diez años y un millón de palabras

Mis hacks para escribir a diario.

En los últimos diez años, he escrito más de un millón de palabras. Esto se traduce en cuatro libros, cientos de artículos y miles de microensayos. Los hacks que utilizo ↓

Considero esto parte de mi desarrollo profesional y personal. Todos los días escribo porque todos los días reflexiono sobre lo que he hecho y aprendido.

Realmente no pienso en términos de «voy a escribir algo». Escribir es intimidante. A a mi mente vienen autores como Andrés Neuman o Julio Cortázar, magistrales, eruditos, insuperables. Lo que hago en su lugar es abordar esta actividad como «voy a explicar algo». Esto hace el asunto infinitamente más sencillo.

No escribo para extraños. Explico cosas a mi versión de veinte años. Le doy las notas que desearía que hubiesen estado en mi radar décadas atrás.

Todos los días aprendo algo, una palabra, una idea, una técnica. Esto significa que todos los días tengo material a mi alcance.

¿Qué he explicado recientemente a mis hijos? ¿Qué me ha asombrado de los libros, series, películas o conversaciones a los que me he expuesto en estos días? ¿Qué temas están fastidiando mi mente y por qué? ¿Cómo resolví tal problema? Todas estas son preguntas que me ayudan a iniciar mis textos.

No utilizo excusas de falta de tiempo porque son mentiras. Los espacios que tomamos sin control para Netflix y TikTok cuando los sume al final de mi vida, no me van a dejar mucho que reportar a mis hijos y nietos. Sí, claro, hay que «relajarse», lo entiendo, pero he aprendido a reconocer que la gente que enseguida utiliza este argumento cuando reciben críticas a su desempeño básicamente no se están esforzando en construir algo relevante de largo plazo.

Escribo prácticamente solo contenido incaducable. Mis notas deben tener sentido hoy y dentro de treinta y cuatro años. Esto me permite crear un cuerpo de contenido reciclable y compilable.

Escribir públicamente y hacer ejercicio constante son cosas que comencé a la par. Y mi mente, corazón y cuerpo las tienen altamente relacionadas, justo como antes en mi vida salir en la noche al bar estaba vinculado a tomar unas copas y eso lo conectaba con fumar muchos cigarros. Una cosa empuja a la otra.

Termino mis textos, les doy un beso y —como hijos que tienen que salir al mundo— les digo adiós. Los dejo ser. Intento no preocuparme por la reacción que generen en el mundo. Yo hice mi mejor trabajo, la gente hará el suyo al recibirlos.

Tú puedes escribir. Dale otro nombre a la actividad, si necesitas hacerlo. No te compares con quienes llevamos mucho tiempo en esto. No busques retroalimentación antes de publicar porque realmente se vuelve una adicción a la inseguridad personal, a la necesidad de validación externa. Lee mucho para convertir varios estilos en segunda naturaleza de tu cartera personal de habilidades.

Y disfruta esta sensación.

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