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Contraataque a la Soledad de la Mente

Esto es (ahora) tu culpa.

La soledad de la mente es el problema que surge cuando en una categoría de acción o pensamiento nos elevamos mucho más allá que el promedio de las personas con las que usualmente interactuamos.

En cámara lenta. Tres escenas.

  1. La soledad de la mente es un problema.
  2. Ocurre cuando nos apasionamos al extremo con algo.
  3. Y la gente más cercana a nosotros no tiene el mismo interés.

Tú y tu pasión van solos en un avión a treinta mil pies de altura. El mundo en el que te mueves es esa serie de puntitos en tierra que ves cuando te asomas por la ventana.

Esa es la soledad de la mente: una distancia enorme que te hace pensar que no hay nadie con quien puedas compartir los descubrimientos que vas haciendo sobre el tema que te fascina. Te hace creer que no hay nadie que se pueda emocionar tanto como tú por saber más de un área.

El primer paso para solucionar este problema ya lo has dado: identificarlo.

Caray, hasta lo bauticé por ti. De nada. Me debes un libro, un beso, un abrazo o una cerveza. Lo que corresponda.

Me he convertido en un experto combatiente de la soledad de la mente a fuerza de enfrentarme con ella en más de una docena de ocasiones en la vida. Soy un Jack Sparrow que ya no teme – en demasía – al Kraken . Sé lo peligroso que es y no lo tomo a la ligera, pero también sé que hay formas para vencerlo.

Para dominar este asunto te aconsejo que primero entiendas algo muy importante: a partir de este instante sufrir de la soledad de la mente ya es tu culpa.

Me explico.

Antes de este texto, tal vez no sabías qué era eso que te tenía molesto, apagado, triste. Sabías que había algo raro con tu vida, que algo estaba mal, pero no tenía nombre y mucho menos considerabas que fuera un problema real con el que tuvieses que lidiar.

Ahora ya sabes que sí, es un problema, y que sí, tienes que contraatacar.

Cuando sabes todo eso y no haces nada, todo lo negativo que emerge de ello es meramente tu culpa.

Esa es la soledad de la mente: una distancia enorme que te hace pensar que no hay nadie con quien puedas compartir los descubrimientos que vas haciendo sobre el tema que te fascina. Te hace creer que no hay nadie que se pueda emocionar tanto como tú por saber más de un área.—Aaron Benitez

¿Cómo comienza la soledad de la mente?

Supongo que al igual que con una fiebre, deben existir distintos motivos que la pueden provocar. Uno de los que más he notado tiene que ver con rodearnos en exceso de amigos irrelevantes. No me refiero a que sean personas que no importen o que sean personas malas. No. Mi definición de amigos irrelevantes es que son personas que sólo tienen almacenada una imagen mental de ti en su disco duro cerebral. Son esas personas que aunque hoy tengas cuarenta y cinco años y estés al frente de la dirección de una gran empresa, ellos insisten en seguirte viendo y tratando como el chamaquito desmadroso y tonto de veinte años que eras en la universidad. En otras palabras, para mí los amigos irrelevantes son aquellos a los que tu evolución personal les importa un carajo. No lo hacen por mala onda. Lo hacen porque no les interesa mucho analizarte. Vaya, no eres tan relevante para ellos. No lo tomes personal. Tú mismo eres amigo irrelevante de muchas personas. ¿Esa chica a la que aún llamas y que crees que va a seguir saliendo contigo cuando todo eso ocurrió diez años atrás? Ahí tienes. Ese eres tú siendo un amigo irrelevante. Las circunstancias de esa chica ya cambiaron. Ella ya cambió. Y tú no te has interesado en observar e internalizar esa evolución.

Ese es un gran problema. Estar rodeado de amigos irrelevantes.

Son esos amigos que no se han dado cuenta que eres un experto de la música que podría identificar sin problemas a los siguientes Beatles de la historia en el bar más jodido del rincón más perdido del planeta. Ellos te van a decir güey, no mames.

Son esos amigos que no entienden que tienes la capacidad de construir cosas tan relevantes como Frank Gehry porque los años que llevas dedicado a tu arte así te lo gritan. Ellos te van a decir Ah, sí, está chido.

Son esos amigos que no ven que has pasado del alcohol de graduación industrial a un refinado Cabernet Savignon de una cosecha sublime porque aspiras a otras cosas. Ellos te van a decir Chale.

Obviamente lo deseable es lo opuesto a tener amigos irrelevantes.

Es decir, amigos relevantes.

Los amigos relevantes no solamente son conscientes de tu evolución personal. Son promotores espectaculares de ella.

Sucede que el esfuerzo para mantener relaciones con amigos relevantes es mayor. Eso es lo que de forma natural nos orilla a siempre tener menor cantidad de ellos. Es la típica situación donde tienes que aceptar el intercambio de calidad por cantidad.

La soledad de la mente no tiene que ver con la soledad del corazón. No va por ahí. Esto es algo intelectual, no romántico.

Sigamos.

Como te decía líneas arriba, la vela de esa llama de ignorancia sobre este asunto de la soledad mental ya se extinguió. A partir de que eres consciente del problema, debes hacer algo al respecto.

Lo siguiente no es una medicina perfecta.

Es el remedio casero que inventé para contraatacar esa fiebre de la que hablamos. En términos generales, creo que la receta se puede replicar bastante bien.

De acuerdo a tus recursos, personalidad y ambición, tú vas a tener que adaptar lo que te sugiero a continuación.


Busca sólo a una persona que ande en tu onda.

Búscala bien. La persona correcta para este punto es alguien que te resulta interesante. Es una persona con la que puedes salir. Es una persona que también quiere convivir contigo. Es una persona con la cual puedes intercambiar ideas sin problemas sobre su pasión en común. Afianza la relación lo más fuertemente posible con esta persona. Que no haya drama ni complicaciones en volverse amigos relevantes uno del otro.

Una vez que hayas ejecutado todo lo anterior, comparte abiertamente tu situación con tu nuevo amigo relevante. Explícale que estás buscando gente en el mismo giro de los dos. Pregúntale si conoce a alguien. Hazle ver lo genial que sería si pudieran invitar a alguien más del mismo giro a convivir con ustedes.

Te vas a sorprender de la magia que ocurre cuando compartimos a detalle los problemas que estamos tratando de resolver con nuestros nuevos – y viejos, ¿por qué no? – amigos relevantes.


Reúne gente en tu casa.

Sí. Vas a tener que abrirte. Es importante enseñarles el caminito hacia ti. Muchas de las personas que van a comenzar a ir a tus reuniones para hablar de (inserta tu onda) terminarán desertando.

Pero muchas no.

Y esas que no desaparezcan, van a querer ahondar más del tema contigo. Y se van a sentir más en confianza en hacerlo si ya saben dónde encontrarte. Puedes pensar en un café, en un restaurante, en un parque, pero la verdad es que si quieres ser serio con esto de resolver tu problema, esfuérzate en abrir un poco de tu mundo más íntimo. Ese mundo comienza en tu casa.


Publica todo esto de tu onda y tus reuniones en Facebook.

No filtres a nadie. Incluso ponlo público.

Las personas que te van a conectar no son las de tu círculo de siempre. Si las personas de tu círculo de siempre fueran las que te van a conectar, a estas alturas ya lo habrían hecho y por principio de cuentas no estarías sufriendo de la soledad de la mente, ¿no crees?

Las personas que te van a conectar son personas que ni te imaginas. Por eso tienes que lanzar la señal a todo el mundo para que la capten las mentes correctas.

Usa Facebook como lo que es, un Ferrari.

Comercial en buena lid: únete gratis al grupo de Facebook que tenemos en Waterhouse Network para contraatacar tu soledad de la mente.


Relata tus fracasos más que tus logros.

¿Por qué estás leyendo esto? Es muy poco probable que ésta sea el primer artículo que hayas leído de mi blog. A través de los diferentes artículos e historias que has ido encontrando aquí, tú y yo hemos ido creando una especie de relación de confianza. Yo sé que debo producir contenido de calidad para no hacerte perder tu tiempo y tú sabes que aprecio los comentarios y recomendaciones que haces de mi material con tu círculo. A lo que voy es que lo que más ha influido en nuestra conexión es platicar abiertamente de mis fracasos, de la verdadera historia humana detrás de cada éxito o buen resultado que haya conseguido. La gente conecta con eso porque así somos los humanos: queremos la historia del asunto, no nada más el frío resultado.

No es lo mismo sufrir los noventa minutos del partido que conocer simplemente el marcador final.

Dales pues siempre la historia a quienes quieren integrarse a tu onda.


Invierte tiempo, atención y dinero.

Vas a tener que viajar a eventos. Vas a tener que pagar copas y cafés. Vas a tener que dejar de ver tu serie favorita un par de noches para atender a tus invitados. Vas a tener que soportar más de una crítica sobre las tonterías que estás haciendo y vas a tener que soportar más de un no a tus invitaciones. Sé consciente de todo ello y aún así hazlo porque es la forma en que restablecerás ese bendito estado glorioso de equilibrio de tu mente.


Utiliza el internet para conectar, no para tontear.

“Software is reorganizing the world” es un artículo de Balaji Srinivasan publicado en Wired. Fue de los textos que más me impactó en 2013. Tienes que leerlo.

Srnivasan explica la nueva manera en cómo van a emerger las nuevas ciudades y países del futuro.

Habla de que el-ahora famoso concepto de las cosas en la nube no aplica únicamente a datos. Aplica también a nuestros intereses.

Explica que – y este es mi ejemplo – eres un coleccionista de cucharas de la Edad Media. Gracias al nuevo tipo de interacción que tenemos por la red puedes encontrar a la especie de humanos (raros) que se identifican contigo y tus hobbies. Habla de que no estamos solos sino que estamos desperdigados. Que tu alma gemela de las cucharas medievales puede vivir en Ereván y la tecnología que vas a usar para comunicarte con ella es la misma que la que usarías para chatear con tus vecinos del departamento de arriba – si tan sólo tuvieras interés en conocerlos.

Analiza que estos coleccionistas se pueden organizar de forma rápida y efectiva para celebrar eso que conocemos como un congreso especializado. Detalla que entonces de los quinientos tipos interesados en ese rollo tal vez asistan sólo algunos al evento de siete días en Hawaii. Y aquí lo más revelador: el buen Balaji redacta autoritativamente que básicamente no existen limitaciones de índole práctico real para que los coleccionistas de este tipo de cucharas que existen en los cincos continentes decidan juntarse físicamente y establecer su (pequeño) territorio en cualquier lugar del mundo por siete días, cuatro meses, quince años o toda una vida.

Dice que por primera vez en la historia de la humanidad las comunidades se formarán al margen de ambiciones políticas – como resultados de guerras, por ejemplo – o coincidencias geográficas – ah, vamos a ser comunidad porque ya nos chingamos naciendo en el mismo lugar aunque como individuos no tengamos ni los mismos objetivos ni los mismos intereses.

El punto aquí es que tu sangre está regada por todos los mares del mundo. La puedes encontrar si tan sólo te avocas a ello.


Mis resultados.

  • En el bachillerato del infierno en el que estudié nadie jugaba ajedrez. Los tuve que enseñar. Invertí tiempo y recursos emocionales. Valió la pena.
  • Durante mi etapa universitaria fundé una especie de club de tecnología. En la primera reunión logré convocar a doscientos alumnos de diversos semestres. Platiqué las ventajas de afiliarse y bla bla bla. Calculé que varios se inscribirían al finalizar la sesión. Sólo uno de ellos lo hizo. Mi desánimo no fue nada ante la impresión que me quedó al ver de frente la apatía de mis compañeros. Pero no pasó nada. Entre uno de mis amigos más cercanos, el nuevo chico y yo logramos ir sumando gente para llevar el club de cero a ciento veinte voluntarios activos en menos de un año.
  • Cuando me inicié profesionalmente en el asunto de emprender, viví frustrado durante un buen tiempo, pues no encontraba con quién hablar de forma seria sobre las dificultades que iba experimentando y aprendiendo en este arduo salto de fe. La gente interesada en el tema estaba regada. No había cohesión. Decidí que si no había un grupo al cual recurrir, yo lo iba a tener que fundar. Así me volví el organizador de reuniones de emprendedores. Comencé a usar las instalaciones del negocio y mi departamento como sedes para platicar sobre este tema. Al principio eramos dos, una amiga que terminó siendo mi brazo derecho y yo. Cuando dejé el grupo eramos casi cincuenta personas constantes y serias. Tiempo de formación del grupo: unos diez meses de trabajo constante.

Pero quería hablar de más cosas con más personas. No me quería confinar a hablar de tecnología y emprendimiento únicamente. Me gusta la historia, el arte, la literatura, la política, las mujeres, la psicología, la arquitectura, la física, la metafísica, la luna, los poemas, la música y demás. ¿Cómo ampliar mi exposición a más contactos interesados en platicar de todas estas cosas conmigo?

La respuesta está enfrente de ti. Este blog en triple doble u punto Aaron Benitez punto blog. Poco más de diez años que me ha tomado construir todo esto.

Voy a listar diez ciudades en México primero y diez ciudades en el extranjero después. D.F., Monterrey, Guadalajara, Querétaro, Puebla, León, Veracruz, Hermosillo, Tijuana y San Luis Potosí. Bogotá, Madrid, Nueva York, Houston, Salamanca, San Antonio, Los Angeles, Buenos Aires, París y Londres.

Hay una cosa del diablo llamada Google Analytics que me informa que esos son los lugares del mundo donde tengo más potenciales amigos relevantes.

Google Analytics me confirma lo que ya sé: que no tengo razón para sufrir de soledad de la mente porque mucha gente y yo andamos en la misma frecuencia de intereses. Lo único nuevo que Google Analytics me reporta es la ubicación de la mayoría de esas mentes.

Tal vez el ejemplo de la fiebre que di al principio no sea del todo preciso para hablar de la soledad de la mente. A diferencia de una fiebre, lograr un contraataque efectivo a la soledad de la mente toma mucho más tiempo. No la podemos hacer desaparecer en cuestión de horas o un par de días. Esto es como enfermarse de algo más serio, nunca ocurre en un abrir y cerrar de ojos. Generalmente nos enfermamos por la acumulación de apatía y/o desinformación en algún aspecto.

Apático no eres, porque si lo fueras no estarías leyendo esto. Desinformado ya no estás porque ahora sabes el nombre del problema que tienes y cómo abatirlo.

Está bien. Crees que eres especial. Yo también lo creo. Creo que todos somos especiales. El problema viene cuando usamos esa definición como una especie de excusa para perdonar nuestra inacción. Sentirnos especiales y pensar que esa es la causa por la cual nadie nos entiende y estamos solos en este puto mundo está bien si tenemos quince años.

Pero si eres especial, actúa de forma especial.

No te quedes sufriendo silenciosamente como todos, pensando que no hay nadie interesante allá afuera con quien compartir tu onda.

Deja de pensar que la gente a tu alrededor y la ciudad en donde vives tienen que ser por fuerza tu comunidad.

Es hora de lanzar la señal que llamará a tu gente. Lo opuesto a la soledad de la mente es una mente abarrotada con ideas, interacciones, personas, planes e intenciones. Es una mente con estrés pero del bueno.

Es una mente que sé que te va a gustar.

Llega ahí.

Yo aquí estoy, ya lancé el llamado.

Y potenciales nuevos amigos relevantes como tú han ido llegando.