Alteración drástica

El gran error al inicio de mi carrera profesional.

Veintidós años. Primer empleo formal. Gran error inicial: hacerme amigo cercano de todos mis colegas. No eran malas personas —al contrario— pero la mayoría llevaban años en el mismo nivel de la empresa, ganando la misma cantidad de dinero, haciendo lo mismo. ¿Cómo iba a poder subir de nivel profesional si los estaba convirtiendo en mis mentores involuntarios? Cuando comencé a ir a todas las fiestas, cafés y reuniones con ellos, aprendí su manera de hablar, pensar y comportarse tanto dentro como fuera de la corporación. De repente, comencé a hablar, pensar y actuar como ellos. Los jefes y supervisores eran automáticamente tontos. Los dueños de la compañía, malos. Nos sentíamos superiores cuando no hacíamos todo lo que nos pedían y no lo notaban. Hablábamos de ellos cuando no estaban en la oficina. Nos reíamos y los criticábamos sin cesar. Claro que ni los jefes ni los dueños eran personas perfectas. Hacían tonterías, tomaban malas decisiones, les faltaban habilidades, pero definitivamente estaban varios niveles profesionales arriba de mí y mis compañeros por muchas razones. Razones que no estudiábamos, sino que al contrario, nos esforzábamos en jamás aprender porque era más fácil y divertido burlarnos a sus espaldas. Otro punto es que fuera de mi entorno de amigos de la oficina, mis demás relaciones eran solamente con compañeros de universidad, igual o peor de confundidos que yo ante la vida. No te vuelves mejor jugador de fútbol en la primaria si tus entrenadores son tus compañeritos de grado. Y eso era tontamente lo que estaba haciendo. Muchos libros y momentos de reflexión después, decidí poner distancia emocional, profesional, intelectual y personal con la gente que estaba en el mismo nivel laboral que yo. Comencé proactivamente a favorecer, escuchar, preguntar, leer, acercarme, pensar y actuar como aquellos que estaban cinco, diecisiete, treinta y cuatro niveles arriba de mí en salario, en visión, en capacidades. Mi vida sufrió una alteración drástica. Obviamente mi «cambio de personalidad» no fue bien recibido por mis colegas, pero mi bolsillo se vio beneficiado y mi carrera profesional despegó impresionantemente en poco tiempo. Perdí invitaciones, cariño y risas con aquellos que me conocieron en el inicio pero obtuve experiencia genuina y acceso a información y procedimientos que me entrenaron para jugar mucho mejor este largo juego de la vida personal y profesional.

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